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Las
primeras matas recuperadas del histórico "Tomatae corporalis"
El reciente descubrimiento por parte de varios expertos,
miembros del I.H.P.U., Instituto Hortícola del Pollo Urbano,
de 9 matas sin alterar del conocido como "tomatae Corporalis"
en las cercanías de Monserrat, nos lleva a precisar los orígenes
de esta solanácea, equivocados durante siglos, y que llevaron
a los estudiosos, desde Linneo y Dioscórides hasta
nuestros días, a creer que su procedencia era americana situando
su aparición en Perú o Méjico. A la luz de
las investigaciones efectuadas, nada pues, más alejado de
la realidad.
En las recientes excavaciones realizadas
en la que fuera hijuela de los Templarios en Nombrevilla, (lugar
donde después de 1314, año de la desaparición
del Temple, se establecen las órdenes del Santo Sepulcro
y de San Juan de Jerusalén), se hallaron semillas petrificadas
de tomate (Solanum Lycopérsicum). Sometidas a la prueba del
Carbono 14, ésta databa su origen hacia el año 1200
de nuestra era. Esta averiguación desmonta la tesis del origen
americano de esta singular solanácea. Los Templarios cultivaron
el tomate de un modo secreto y su ingesta tenía un carácter
ritual por atribuirle propiedades afrodisiacas, (“pomun amoris”).
Además sus hojas, secas al sol y posteriormente quemadas,
producían un efecto narcotizante al inhalar el humo. Este
efecto se debe a la significativa proporción de nicotina
que presentan las hojas de la mata de esta variedad de tomate.
En 1239, camino de Valencia con una diezmada
tropa, el templario D. Berenguer de Entenza, que a la sazón
llevaba como clérigo al también templario y capellán
mosén Mateo Martínez, rector de San Cristóbal
y racionero de Santiago de Daroca, viéndose rodeado por la
morisma en el pueyo de Chiva, decidió celebrar una misa,
tal y como era habitual antes de entrar en combate. Y allí
ocurrió lo ya conocido: " Et huvo santificado
e levantado el cuerpo de Ihesu xristo e lo huvo posado sobre los
Corporales El dito cuerpo de Ihesu xristo se conuirtió en
verdadera sangre de la qual cosa todos fueron muncho maravillaos
que significauaet fue asin entre el dito Noble e las otras companyas
que con el eran que el dito misacantano se vistiese hun tauardo
de scarlata muyt bello et honrrado et puyase et caualgase en un
mulo blancho que alli era e que lleuase como mas honrradamente pudiese
los ditos corporales Et que deuallasen del pueyo para ferir en los
ditos moros la qual cosa fue fecha segunt que por ellos fue ordinado.
El deuallado del pueyo en la forma de sus dita el dito Noble e las
campanyas de los ditos concellos que con el eran comenÇaron
á ferir en ellos El los ditos moros comenÇaron á
foyr En asín que los xristianos con la gracia de nuestro
Sennyor Ihesu xristo huuieron grant victoria contra los ditos moros
El mataron ne munchos Et catiuaron ne”.
Esta descripción de la escena de
la aparición de la sangre de cristo en las sagradas formas
no se detiene en un hecho que fue menor pero para nuestras averiguaciones
no menos importante. Hemos de acudir a los “graffitis”
atribuidos a los templarios en los muros del castillo de Chinon
(véase el libro de Charbonneau-Lassay “Le coeur rayommant
du donjour de Chinon attribué aux templiers”, reeditado.
Arché Milán) para encontrar un detalle no descrito
en este anterior “Documento de Chiva”, fechado en 1340.
De todos es sabido que en las alforjas de los
monjes soldados templarios siempre acostumbraban a llevar
tomates, pan de centeno, aceite, sal, agua y vino. El improvisado
altar que a toda prisa se hubo de construir para celebrar la misa
antes de la batalla, apenas si se conformó con cuatro piedras,
quedando la alforja entre ellas. “Cuando la sangre brotó
de las formas,y ante la admiración del clérigo, buena
parte de ella cayó sobre la alforja hasta que llorando
las alzó hacia el sol y dos o tres tomates quedaron
impregnados de la sangre milagrosa. Después de la batalla,
el clérigo, sediento, al ir a comerse uno de los tomates,
observó que la sangre seca les había dado un aspecto
de corazón. Arrodillado oró y guardó esos tomates,
seguro de que eran representación ahora, del Corazón
de Jesús”
Cuando el clérigo llegó
a Daroca y luego de las fiestas y faustos que se hicieron para celebrar
el milagro, se retiró de nuevo a Nombrevilla y allí
siguió cultivando los “milagrosos” tomates que
a partir de entonces se denominaron “tomatae Corporalis”
y que solamente ya fueron usados en el estricto régimen
del Temple.
Milagroso se puede considerar también su actual
hallazgo. De este modo, en Julio, cuando se haga la cata de los
tomates que gracias al IHPU han sido devueltos a un huerto secreto
de Daroca, podremos dar gracias a Dios por haber devuelto a la vida
un manjar tan singular, único en el mundo.
Y sobre como se recuperó el “tomatae
Corporalis” en Monserrat y como, en general, llego el tomate
al Nuevo Mundo, nos ocuparemos en otra entrega.
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