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David Wark Griffith
Del
director sureño sigue habiendo los mismos huecos pendientes
por cubrir que hace un año, esto es, más de
las dos terceras partes de sus largometrajes y una infinidad
de cortos. Sin embargo, ha habido la destacable novedad de
los nuevos lanzamientos por Filmax de sus tres filmes más
prestigiosos, por lo demás siempre presentes en el
mercado: "El nacimiento de una nación" (1915),
"Intolerancia" (1916) y "Lirios rotos"
(1919), también conocida (y así comercializada
por Filmax, no por JRB) como "La culpa ajena". La
primera no ha aportado mejoras sustanciales respecto de ediciones
anteriores, pero las otras dos superan con creces las existentes
hasta ahora.
Las
nuevas recomendaciones.- "La culpa ajena" lanzada
por Filmax parte de la misma copia que la anterior edición
de JRB, pero aun con ocasionales rayas, se ha recuperado una
parte importante del encuadre, antes tan estragado, y se ha
limpiado bastante la imagen, por lo que ahora resulta sumamente
aconsejable. En cuanto a "Intolerancia", la copia
de Filmax es completa y resplandeciente; tanto, que cabría
calificar esta edición de definitiva, por lo que la
adquisición de este clásico indiscutible del
cine es lisa y llanamente obligatoria.
Allan Dwan
Del
canadiense la distribución parece haberse fijado recientemente
en su obra de los años cincuenta, lo cual es estupendo,
pues es uno de sus mejores momentos creativos
aunque
siga habiendo demasiadas obras olvidadas, de ésta y
de otras décadas. Y aunque causa un poco de perplejidad
la elección de la mediocre "Huida a Birmania",
es muy de agradecer la recuperación de ese modesto
buen western que es "La reina de Montana" (1954)
y especialmente, ¡albricias!, de dos de sus mejores
títulos: el colorido film-noir "Ligeramente escarlata"
(1956) y la austera aventura, a medio camino entre la road-movie
y el neo-western, de "Al borde del río" (1957).
Lástima, que esta última haya sido transferida
por BrokersFilms de manera tan renqueante (hay numerosos congelamientos
de imagen de apenas unas décimas de segundo, pero las
suficientes para que el movimiento arrastre), pues la copia
de partida era excelente.
La
recomendación dudosa.- Así las cosas y a falta
de nada mejor, nos decantamos por "Ligeramente escarlata",
una película excelente y muestra de cómo este
pionero acabó adaptándose al Hollywood de los
cincuenta, trabajando en exuberante color y flamante scope,
pero conservando modos típicos del cine mudo. La edición
de CreativeArts presenta graves deficiencias de nitidez; pero,
en fin, la película es una de las cumbres indiscutibles
de Dwan, por lo que decidimos recomendarla
a regañadientes.
Cecil B. DeMille
La
primera de las dos incorporaciones al club puede causar el
respingo de más de un aficionado, pues al rey del cartón-piedra
siempre se le ha contemplado con suspicacia
no sin motivo.
Sin embargo, una obra que atesora una notable cantidad de
imágenes memorables y que influyó nada menos
que en Lubitsch, Murnau, Hitchcock o Vidor merece una reconsideración.
Los problemas del cineasta de Massachussetts son varios: primero,
la moral pequeño burguesa de que solía hacer
gala; segundo, el feroz conservadurismo de algunas propuestas
suyas y de la misma persona del director; y tercero, el arcaísmo
que rezuman muchas de sus películas más célebres,
con una estética a veces próxima a la estampita.
Sin embargo, resulta que, en primer lugar, DeMille, ya desde
la temprana "La marca del fuego" (1915), fue uno
de los cineastas más osados al mostrar escenas de fuerte
contenido sexual, muchas veces lindantes con el sadismo, e
incluso algunas de ellas, véase "Los bateleros
del Volga" (1926), aún conservan su poder perturbador.
En segundo lugar, que conseguía sus mejores propuestas,
cuando daba rienda suelta a su puritanismo o a su ferviente
religiosidad, cuando no a su absoluta desfachatez al mostrar
los mayores disparates con la mayor convicción del
mundo (son inolvidables la lozana leprosa de terso cutis de
"Los diez mandamientos" de 1923 y la María
Magdalena de "Rey de reyes" en busca de Judas ¡montada
en su carro tirado por cebras! ¡¡regaladas por
el rey de Nubia!!). Y en tercer lugar, que en la segunda década
del siglo XX y aun en la siguiente, el director era uno de
los cineastas más innovadores del medio, con propuestas
bastante arriesgadas; así: "Juana de Arco"
(1917), que conjugaba tiempo presente y pasado casi el mismo
año de "Intolerancia"; "La pequeña
americana" (1917), que jugaba con la percepción
del espectador para defraudarla; o la primera "Los diez
mandamientos", que dejaba colgada una historia sin contemplaciones
para lanzarse a otra totalmente distinta. El suyo es un caso
curioso de contradicciones feroces a lo Jekyll y Hyde (como
muestran su puritanismo y obsesión sexual a partes
iguales), pero también de cierta displicencia (se tiene
la sensación de que muchas de sus películas
se encuentran muy por debajo de sus capacidades como director)
y de relativa involución (su paso del melodrama y la
alta comedia típicos de su período mudo a los
western y las aventuras más pedestres del sonoro).
Aun así, pese a su notoria irregularidad y a lo irritante
y pompier de gran parte de su obra, hay un ramillete de buenas
películas, mudas y sonoras, que avalan su talento:
el fundacional western "El prófugo" (1914),
el melodrama bélico "La pequeña americana",
la alta comedia "A las mujeres" (1918) y, ya en
el sonoro, los westerns "Unión Pacífico"
(1939) y "Los inconquistables" (1947) y los peplum
"Sansón y Dalila" (1949) y "Los diez
mandamientos" (1956). Ahora bien, las películas
que más fuerte han pujado por su presencia en esta
lista son las dos cumbres de su carrera y máximas expresiones
de su puritanismo y su religiosidad respectivamente: la incandescente
"Los diez mandamientos" de 1923 y la emocionante
"Rey de reyes" (1927), que ofrece el Cristo más
vivo y palpitante que ha habido en cine, Pasolini incluido.
Las películas sonoras mencionadas, con una excepción,
están ausentes del mercado, pero las mudas de los años
diez pueden encontrarse, junto a otras, en el apetitoso primer
volumen de la "Colección Cecil B. DeMille.- Classic
Collection (1914-1919)", comercializada por Llamentol.
El segundo volumen de este lanzamiento presenta otras películas
mudas menos apasionantes. Y, por desgracia, pese a haberse
restaurado con extraordinarios resultados, en España
ninguna distribuidora parece reparar en "Rey de reyes".
La
recomendación.- No cabe duda: la edición por
Paramount de tres discos de "Los diez mandamientos: Colección
50 aniversario". Dos de los discos se reservan a la película
más mítica de DeMille, que es también
uno de sus mejores títulos sonoros
aunque si
el film resulta antológico, no es tanto por la labor
de su director como por la del genial asesor de color Richard
Mueller, que consiguió aquí una de las cumbres
del cine en lo que a lo cromático se refiere. El tercer
disco reserva la auténtica joya: una edición
definitiva de la película del mismo título de
1923, quizá la cumbre del cine de su autor y que, advertencia,
no es tanto una primera versión de aquél en
color como un film radicalmente distinto: a la hora de metraje,
DeMille se desentiende de Moisés, de los egipcios e
israelitas para concentrarse en una trama situada en la época
de rodaje de la película.
Frank Borzage
Ninguna
novedad relativa a este director tan olvidado. No obstante,
Fox ha lanzado en Estados Unidos un paquete con una gran cantidad
de las películas rodadas por nuestro hombre en el seno
de la productora, incluidas las imprescindibles "El séptimo
cielo" (1927), "El ángel de la calle"
(1928), "Estrellas dichosas" (1929), "Liliom"
(1930) y "Bad girl" (1931). ¿Llegará
a España, como sí ha llegado la doble tanda
de DeMille? ¡Ah! Con la excusa de Gary Cooper, Tribanda
ha recuperado la gran obra maestra del director, "Adiós
a las armas" (1932), presentada al alimón con
el "Juan Nadie" (1941) de Frank Capra, pero
si nos fiamos del minutaje, se trata de la misma copia cortada
de siempre, sin las escenas cruciales amputadas en los años
cincuenta (78 minutos frente a los 89 originales); o sea,
que mejor no caer en la tentación. Paciencia
Raoul Walsh
Ha
habido un buen puñado de desembarcos en los estantes
de filmes de Walsh, pero, como quiera que casi todas sus mejores
películas (salvo las mudas) ya estaban editadas, novedades
reseñables sólo una: su estupendo western mineral
y apasionado, trágico y desencantado, "Juntos
hasta la muerte" (1949). En cuanto a las dos extraordinarias
incorporaciones habidas mientras publicábamos la sección
hace un año, "Perseguido" (1947) y "Sin
conciencia" (1950), sentimos constatar que Sogemedia
las presenta con su displicencia habitual: contraste desvaneciente
en los nocturnos y nitidez precaria, sobre todo en planos
generales y exteriores. Una verdadera lástima, máxime
cuando "Perseguido" resulta ser en nuestra opinión
la obra cumbre del director tuerto. Habrá que esperar
a que Warner se digne hacer sus propios lanzamientos.
John Ford
El
americano de origen irlandés continúa surtiendo
los estantes con nuevos títulos. Los más destacados
en este lapso han sido su primer western prestigioso, "El
caballo de hierro" (1924), la injustamente olvidada "La
ruta del tabaco" (1941), así como tres de sus
últimas películas: la recomendable "El
sargento negro" (1960), la superproducción "La
conquista del oeste" (1962), que contiene la magnífica
aportación de nuestro director de título "La
guerra civil", y la extraordinaria "El gran combate"
(1964). Sin embargo, las arribadas son menos sustanciales
de lo que cabría suponer y las únicas incorporaciones
cabales son la espléndida "La ruta del tabaco"
(Fox) y esa pequeña joya de "La guerra civil",
incrustada en "La conquista del oeste" entre las
muy estimables aportaciones de Henry Hathaway y la más
apagada de George Marshall. En efecto, por un lado, no deja
de resultar decepcionante que la misma Fox se haya limitado
a lanzar en España, del paquete de obras mudas del
director distribuido en Estados Unidos, sólo una película,
la más célebre, desestimando las superiores
"Tres hombres malos" (1926), "El legado trágico"
(1928) y muy lamentablemente el mejor Ford del período
silente, "Cuatro hijos" (1928); y, por otro lado,
"El sargento negro" es una buena pero irregular
película, a distancia de las mejores del director tuerto,
y encima se oferta en formato desvirtuado. En cuanto a la
inolvidable "El gran combate", que sí figura
entre la docena de mejores Ford, se comercializa sin la escena
de la población de Dodge City a la caza de cheyenes,
escena que ya desapareció en los pases televisivos
de hace más de veinte años y en España
no se ha vuelto a recuperar y que, para más inri, dota
de sentido a este paréntesis bastante intempestivo
de la odisea cheyene. Pero
En Estados Unidos la misma
Warner comercializa la película íntegra, con
sus 156 minutos originales frente a los 141 de la versión
ibérica. La multinacional debiera responder de por
qué toma el pelo tan arteramente a los aficionados
españoles. No hay recomendación que valga.
Tod Browning
El
maestro de lo grotesco ha conseguido colar, casi de tapadillo,
otra película en el mercado, "La marca del vampiro"
(1935), pero es éste un título irregular, a
considerable distancia de los mejores de su autor, la mayor
parte aún sin editar. La recomendación principal
sigue siendo por tanto el doble DVD formado por "Garras
humanas" (1927) y la impresionante "La parada de
los monstruos" (1932).
Charles Chaplin
Como
quiera que la obra del bigotudo actor-director ya estaba presente
en los estantes milagrosamente al cien por cien, nada debemos
añadir a nuestro inventario de hace un año.
Buster Keaton
Una
única novedad reseñable ha habido en la videografía
de Cara de Palo, la edición por Vanity Films de su
último gran film, "El cameraman" (1928).
Por lo demás, seguimos esperando ediciones restauradas
de gran parte de sus largometrajes. Los cortometrajes, ya
lo señalamos en su momento, cuentan con la magnífica
edición de Divisa, edición que será difícil
de superar en mucho, mucho tiempo.
Harold Lloyd
El
cómico de las gafas de empollón y cara de repollo,
en cambio, ha tenido en este período su gran golpe
de suerte, pues el antológico paquete editado internacionalmente
por Studio Canal hace algún tiempo por fin ha llegado
a España.
La
recomendación definitiva.- Sin reservas de ningún
tipo hay que lanzarse a adquirir el "Pack Harold Lloyd.
La colección definitiva", con o sin libro, pues
contiene sus mejores cortometrajes, con la única excepción
del magnífico "Bumping into Broadway" (1919),
así como todos sus largometrajes mudos y los primeros
sonoros hasta la magnífica "La vía láctea"
(1936), dirigida por Leo McCarey. Ahí están
para disfrutar a tope, entre otros, "An eastern westerner"
(1920), "Mi lindo automóvil" (1920), "Number
please?" (1920), "Viaje al paraíso"
(1921), y ya en modo de largometraje, "El mimado de la
abuelita" (1922), "El doctor Jack" (1922),
"El hombre mosca" (1923), "Casado y con suegra"
(1924), "El hermanito" (1927), "¡Ay,
que me caigo!" (1930) y su asombrosa obra maestra "¡Ay
mi madre!" (1926). A atesorar.
Erich von Stroheim
Las
empresas nacionales del sector siguen ignorando olímpicamente
al director vienés de prusiano aspecto, ausencia tanto
más injustificable, cuanto que en el extranjero se
pueden encontrar al menos cuatro de las apenas diez películas
que rodó: las excepcionales "Maridos ciegos"
(1919) y "Los amores de un príncipe" (1923,
donde no está acreditado, pero ¡cómo se
nota el toque Stroheim!), amén de las magistrales "Esposas
frívolas" (1921) y "La reina Kelly"
(1928) ¿A qué esperan nuestros distribuidores?
King Vidor
Cinco
incorporaciones ha habido de la excelsa filmografía
del director tejano, lo cual, teniendo en cuenta lo poco que
había, parece cambiar sustancialmente el panorama
sólo que aún queda por recuperar casi toda su
época muda, incluidas las magistrales "El gran
desfile" (1925) y "La bohème" (1926),
aparte de tantísimos filmes sonoros de envergadura.
En fin, calma chicha en el mercado
Centrándonos
en lo positivo, las recién llegadas son: la magnífica
"Noche nupcial" (1935), el recomendable western
"Paso al noroeste" (1940) y dos de sus mejores filmes
sonoros, "El pan nuestro de cada día" (1935)
y "El manantial" (1949). "Noche nupcial"
la presenta Sogemedia con buena imagen, mientras "El
pan nuestro de cada día", aunque ha sido remasterizada
por la distribuidora JRB, ofrece una calidad más precaria,
achacable a la deficiente copia de la que se ha obtenido.
¿Cuándo restaurará el American Film Institute
el más famoso film sonoro de Vidor? Naturalmente, el
lector se habrá percatado de que aún nos queda
por mencionar la quinta novedad: "
Y el mundo marcha"
(1928), cumbre de la etapa muda del tejano, compendio de todo
el cine silente e incuestionable obra maestra del cine entero.
Pero, ¡qué decepción! Su llegada podría
haber sido uno de los acontecimientos digitales del año
(junto a las de "Vampyr" y "Falso culpable"),
pero por desgracia RidersFilms la presenta en la copia ya
demasiado antigua, con banda sonora del otrora prestigioso
Carl Davis, que es la misma que se veía en los pases
televisivos de hace veintitantos años y que hoy por
hoy, con la de buenas copias restauradas ya presentes en el
mercado, resulta inadmisible, por sus encuadres recortados,
su fofo contraste y su esquilmada nitidez. Una ocasión
desaprovechada. ¡Qué pena!
La
segunda recomendación.- Por fortuna, la polémica
e impactante "El manantial", defensa tanto de la
libertad artística sin restricciones como del individualismo
a ultranza, y una de las obras más apasionadas de su
autor, la comercializa en una copia de nitidez perfecta su
productora original, Warner, lo cual es fundamental para degustar
una obra donde la contrastada fotografía en blanco
y negro, responsabilidad del gran Robert Burks, es crucial.
William A. Wellman
Cuatro
novedades de primer orden cambian sustancialmente la arguellada
presencia de este segundo director de Massachussets. Casualmente
tres de ellas son westerns: el magnífico "Incidente
en Ox-Bow" (1941), el recomendable "Las aventuras
de Buffalo Bill" (1944) y el estupendo "Más
allá del Missouri" (1951), distribuido por Warner
(productora original: MGM). Sin embargo, la más importante
de todas es la cuarta recién llegada, primera por edad:
la justamente famosa "Alas" (1927), extraordinario
melodrama de aviación y posiblemente su mejor título.
¡Ah! Y que a nadie se le ocurra picar con supuestos
nuevos lanzamientos, como el de SAV de "Ha nacido una
estrella" (1937) perteneciente a su serie Hollywood Oro:
lo único "de oro" es el ridículo marquito
que envuelve el estuche, pues la calidad de la copia es simplemente
zarrapastrosa. ¡Qué desvergüenza timar así
al consumidor!
La
recomendación silente.- "Alas" la distribuye
Regia Films en una copia con encuadre algo reducido y negativo
sin restaurar, si bien se ha procedido a arreglarla digitalmente,
con lo que el DVD resulta aceptable (pasamos por alto la nefasta
traducción de los intertítulos). Sea como sea,
la altísima calidad del film, su potencia emocional
y arrolladora imaginería, pone de manifiesto la urgencia
de la recuperación de la obra muda del director. Mientras
se espera la llegada de otros títulos de esta época
y de la década de los 30 de Wellman (y de tantos otros
directores tan descuidados por la distribución), degustar
este film es mucho más que un aperitivo: es el plato
principal.
Howard Hawks
Del
cineasta del plano americano han aparecido por primera vez:
una de sus obras menos insignes, "La ciudad sin ley"
(1935), otra más interesante, "Tierra de faraones"
(1955), y ¡por fin!, una de sus películas más
destacadas, "Río rojo" (1948), primero y
quizás mejor de los ríos con que Hawks fue obsequiando
al aficionado en su periplo por el Lejano Oeste.
La
segunda recomendación.- Podemos añadir, tras
"Scarface" (1932), este magnífico western
que es "Río rojo" como una de las piezas
de Hawks que todo aficionado debiera conocer.
Leo McCarey
El
californiano ya estaba bien representado en los estantes y
aparentemente sólo ha habido una nueva propuesta suya:
la divertida comedia "Un marido en apuros" (1958),
que casi, casi cerró su carrera. Y si antes hemos escrito
aparentemente, se debe a que Llamentol ha lanzado un apetitoso
estuche llamado "Maestros del cine cómico",
que, casi de tapadillo, contiene una joya de nuestro hombre:
su mejor colaboración con el cómico Charley
Chase, la antológica, desternillante "Grande como
un alce" (1926). Apuntemos que en el extranjero se puede
encontrar este título en un DVD acompañado por
otros excelentes filmes que certifican el elevado listón
de la colaboración entre el actor y el director. Y
añadamos que es una lástima que nadie, ni en
España ni en otros países, se decida a editar
juntos los cortos cómicos dirigidos por el cineasta:
él está detrás de los mayores logros
de Chase y también de Laurel y Hardy, igual que después
orquestó la mejor película de los Marx, la mejor
de W. C. Fields y el último film de altura de Lloyd.
¿Casualidad?
Josef von Sternberg
De
este vienés penetrante y onírico, lánguido
y descabellado, ha habido dos aportaciones, ambas curiosamente
fechadas en el mismo 1935: su última película
con Paramount y broche final del ciclo Dietrich y su primera
fuera de la productora, esto es, "The devil is a woman"
y "Crimen y castigo". ¡Pero qué diferencia
entre una y otra! "Crimen y castigo" es uno de los
pocos filmes flojos de Sternberg y aún resulta peor,
si se recuerda la descomunal novela de base: al pobre Dostoyevski
no lo fusiló físicamente el batallón
designado para ello, pero artísticamente lo hizo Sternberg
ejecutando órdenes de la dictatorial Columbia. En fin,
mejor leer la novela. En cuanto a "The devil is a woman",
aunque inferior a las películas con la rubia esfinge
que la precedieron, sigue siendo magnífica. Universal
la distribuye en copia impecable bajo el título de
"El diablo es una mujer" y no del más correcto
en español de "El diablo es mujer". ¡A
ver si traducimos bien! En cuanto a las películas mudas
del cineasta errante y a "Anatahan", siguen durmiendo
el sueño de los justos.
Ernest B. Schoedsack
Por
fin el mercado español ha salvado la honrilla en lo
que al director emparejado con Merian C. Cooper se refiere.
No, por desgracia, aún no se han editado sus antológicos
documentales silentes ni la versión íntegra
de "King Kong" (1933), pero sí ha llegado
la edición restaurada de la otra cima de su filmografía,
"El malvado Zaroff" (1932); y, como jugoso complemento,
ediciones de las interesantes "Los últimos días
de Pompeya" (1935) y "Dr. Cyclops" (1940),
rodadas ya sin su pareja artística de hecho.
La
recomendación.- ¡Ya se puede recomendar algo
del intrépido documentalista! ¡Y sin reservas!
"El malvado Zaroff", esa aventura por los neblinosos
territorios del subconsciente que precedió a la del
gran gorila con resultados igualmente antológicos,
la presenta Vellavision en una copia restaurada y definitiva.
Añade un extra de dudoso valor: la versión coloreada
del film, totalmente prescindible, pues da al traste con los
violentos claroscuros, las resbaladizas luces que contribuían
no poco a que este viaje por la isla del malvado conde (Zaroff)
se transformara en una angustiosa pesadilla.
Rouben Mamoulian
Nada
nuevo en los estantes del armenio de Broadway. ¿Cuándo
tendremos al alcance de la mano "Aplauso" (1929)
y "Las calles de la ciudad" (1931)?
George Cukor
Y
del húngaro de Broadway tampoco gran cosa: han llegado
"Hollywood al desnudo" (1932) y "Mujeres"
(1939), este último un más que interesante film,
que ahora, tras el remake perpetrado el año pasado
por la pija de Diane English con una Meg Ryan al borde de
la epilepsia, casi parece una obra maestra. ¡Qué
bajo ha caído Hollywood! Y el cine en general
En fin, aun así, ni "Mujeres" ni "Hollywood
al desnudo" se encuentran entre la docena de mejores
Cukor y su presencia sabe a poco, cuando aún debemos
aguardar la llegada de "Edward my son" (1949), "Ha
nacido una estrella" (1954) o "Cruce de destinos"
(1956). ¡Qué tiempos los nuestros y qué
tiempos aquéllos!
Mitchell Leisen
La
que sí ha cambiado notablemente es la situación
del director de Michigan, del que antes no había nada
destacable y del que ahora Sherlock ha lanzado cuatro comedias
que dan una impresión más fiable de su valía:
las muy recomendables "Candidata a millonaria" (1935)
y "Una chica afortunada" (1937), amén de
las estupendas "Medianoche" (1939) y "No hay
tiempo para amar" (1943).
La
recomendación.- Aunque siguen faltando muchas de sus
mejores películas, por fin hay disponible un par de
Leisen pertenecientes a su obra más granada. Más
todavía que la mítica e hilarante "Medianoche",
pensamos en la menos famosa, pero igualmente mondante "No
hay tiempo para amar", en nuestra opinión más
rica en sugerencias, tanto temáticas como visuales.
Cierto, no es uno de los Leisen más profundos, pero
sí de los más chispeantes: una excelente primera
aproximación a una filmografía tan destacada
como poco reivindicada hoy en día.
Orson Welles
Ninguna
novedad del barbudo director, mas que los consabidos relanzamientos
de películas ya disponibles. Menos ediciones especiales
con todas las pijadas del mundo y más copias en buenas
condiciones es lo que hace falta. ¿Cuándo se
nos ofrecerán como es debido sus obras maestras "El
cuarto mandamiento" (1942) y "Sed de mal" (1958)?
¿O "Ciudadano Kane" (1941) y "Campanadas
a medianoche" (1965)? Menos mal que Welles es considerado
como uno de los genios del cine, que si no
Anthony Mann
El
gran "Mann of the West" ya estaba bien representado
en el mercado y, por tanto, las recuperaciones parecen menos
imperativas en su caso que en el de otros. Sin embargo, dejando
de lado las inutilizables ediciones de "La brigada suicida"
(1947), por infumable, y de "Tierras lejanas" (1955),
por presentar el formato desvirtuado, aún quedan por
recuperar unas cuantas películas de los años
cuarenta y especialmente una de sus obras maestras,"Colorado
Jim" (1953). Eso sí, han reaparecido dos buenos
títulos: sus dos peplum para Samuel Bronston, "El
Cid" (1961) y "La caída del imperio romano"
(1964), que son lo mejor que nunca se rodó en el delirante
imperio hispánico del megaproductor americano.
Otra
recomendación.- La otra novedad habida decidimos recomendarla,
pues, aunque no se encuentra a la altura de las obras maestras
de Mann, sí es un perfecto ejemplar de su magnífica
obra de los años cuarenta encuadrada en la serie B:
"Incidente en la frontera" (1949), presentada por
Warner (productora original: MGM) en una copia inmejorable,
de nitidez y contraste perfectos, que incidentalmente permite
saborear no sólo el encomiable trabajo de Mann, sino
también la extraordinaria labor del gran director de
fotografía John Alton, aquí más negro
y denso que nunca.
Vincente Minnelli
Varias
incorporaciones ha habido en este tiempo del rey del musical,
de las cuales las tres más destacadas son la comedia
"Mi desconfiada esposa" (1957) y los estupendos
melodramas "Cautivos del mal" (1952) y "Como
un torrente" (1958)
aunque siguen faltando sus
mejores contribuciones al género del pañuelo,
esto es, "La tela de araña" (1955), "Dos
semanas en otra ciudad" (1962) y "Castillos en la
arena" (1965).
Joseph
L. Mankiewicz
¡Esto
es suerte! Del director y guionista de origen polaco, aparte
de las inagotables reediciones con que suelen marear al consumidor
las distribuidoras, han aterrizado los tres únicos
buenos títulos que echábamos de menos hace un
año. Uno es la muy recomendable "Odio entre hermanos"
(1949). Otro es "Julio César" (1953), estupenda
adaptación de la obra de Shakespeare con un magnífico
reparto, del que se nos permitirá preferir, antes que
al jaleado Marlon Brando (para él solito es la carátula
de la edición, ¡qué abuso!) a los, estos
sí, insignes James Mason, Deborah Kerr y John Gielgud.
Y el tercero es la penúltima película del director,
el western en clave de brillante parodia "El día
de los tramposos" (1970).
Budd Boetticher
Del
olvidado Oscar (nada que ver con las aborrecibles estatuillas)
se siguen rescatando por fortuna películas enterradas
o semiocultas por las arenas del tiempo
aunque los estragos
en algunas copias se deban más a la negligencia o indiferencia
de los distribuidores que a la erosión de los años.
Cuatro buenos western se unen a lo poquito que había
del director vaquero: "The Cimarron Kid" (1952),
"Traición en Fort King" (1953), "Los
cautivos" (1957) y "Buchanan cabalga de nuevo"
(1958). Pero
¡ojo avizor! Ese inenarrable cruce
entre western y parodia del american way of life que es "Buchanan
cabalga de nuevo" lo ofrece Llamentol en una copia lamentable,
con rácana nitidez y sin la versión original
disponible. Igualmente, la más trágica "Los
cautivos" (1957) la comercializa por un lado Suevia en
una copia descolorida y terrosa, y por otro Sony, en otra
de perfecta nitidez
pero con el formato desdichadamente
panoramizado una vez más por arte de magia. ¡Ya
está bien!
La
segunda recomendación.- Así las cosas, el segundo
DVD más apetitoso de nuestro hombre resulta ser el
lanzamiento por Filmax de uno de sus modestos western para
Universal: "The Cimarron Kid". No se trata de una
obra maestra, pero es la prueba fehaciente de cómo,
partiendo de un guión no especialmente brillante e
incluso tópico, se pueden alcanzar momentos de gran
altura y alcanzar la excelencia gracias a: primero, el innegable
oficio (esa base ineludible de la expresión artística
tan desdeñada por los geniecillos de hoy en día),
y segundo, la imaginación desbordante (y esto, se tiene
o no se tiene). Una lección para todos, pero aún
más, tanto para los críticos de guión
que tanto abundan y tan perniciosos son para el aficionado
virgen y el espectador en general, como, claro está,
para los directores con ínfulas de genio, que cunden
como la leche condensada (light, que también la hay).
Robert Wise
Nada
nuevo bajo el sol. Y, aunque algún título más
cabe desear de este magnífico artesano, tampoco es
una gran desgracia, habida cuenta de lo presente que ya está
Wise en el mercado del DVD, mucho más que otros con
mayores merecimientos.
Richard Fleischer
Dos
novedades del cineasta vikingo: las muy interesantes "Duelo
en el barro" (1959) y "Los nuevos centuriones"
(1972). Por lo demás, un alto porcentaje de sus mejores
películas ya conocía distribución.
Nicholas Ray
Del
más joven de los tres insignes tuertos del cine americano
no ha habido novedad destacable
a no ser que como tal
se tengan las reediciones de sus decepcionantes peplum para
Samuel Bronston. ¡Qué diferencia con los de Anthony
Mann! Así, que seguimos esperando que alguna firma
piadosa rescate de las mazmorras "Chicago, años
treinta" (1958), la única ausente de sus grandes
películas.
Samuel Fuller
El
cineasta periodista lleva camino de convertirse en uno de
los grandes afortunados de la época del DVD. A la buena
decena de películas suyas que ya estaban al alcance
del aficionado se suman: ¡en dos ediciones distintas!
la interesante "Casco de acero" (1951), quizás
su film bélico más retórico; el western
"Yuma" (1957), machacado en impresentable copia
por Suevia; y especialmente "Invasión en Birmania"
(1959), su más apasionante película de guerra,
que, menos mal, la misma Suevia la ofrece en una estupenda
copia, muy superior a la de Sogemedia antes existente. Y ya
que vamos de guerra, añadamos una película que
olvidamos reseñar hace un año, el punto final
y compendio de la obra bélica de Fuller: la muy recomendable
"Uno rojo división de choque" (1980).
Jerry Lewis
La
única novedad del último gran clown del cine
la ha proporcionado su excelente y estilizada comedia "Tres
en un sofá" (1966). La presenta Sony, antes Columbia,
con su infatigable e impresentable manía de cambiar
el formato recortando encuadres. No contentos con ello, la
presentan en la serie New Columbia Classics, de extravagancia
superlativa: no hay subtítulos en español, por
lo que aquellos nacionales con poco dominio del inglés
se ven obligados a ver la película doblada. Inaceptable.
La
recomendación de otro tipo.- Páguense un curso
en las islas británicas o al otro lado del charco,
a ver si por fin consiguen entender a esos yanquis que hablan
con la patata en la boca.
Francis Ford Coppola
Por
más que los persistentes lanzamientos de sus filmes
más populares hagan pensar lo contrario, no ha habido
ninguna novedad real en la videografía del italo-americano.
Claro, que tampoco las necesitaba, tan bien surtido estaba.
David Cronenberg
Como
cabía esperar, del evangelista de la nueva carne ha
llegado su última película, "Promesas del
este" (2007). Pero, pese a su subido interés,
no creemos que quepa contarla entre los mejores Cronenberg,
por lo que el apartado de recomendaciones queda invariable.
David Lynch
Del
director del Medio Oeste, Versus se ha responsabilizado de
dos importantes incorporaciones: "The short films of
David Lynch" y "Eraserhead", es decir, "Cabeza
borradora" (1977). El primero consta de sus interesantísimos
cortometrajes iniciales, pero la irregularidad que acusan
los mismos impide que se codeen con los mejores Lynch. Sí
merece figurar entre ellos, ¡y cómo!, la mítica
"Cabeza borradora", pero
Otra vez. Por más
que la vendan como edición especial, por más
que juren y perjuren que la reedición ha sido supervisada
por el propio Lynch, éste es otro caso de formato masacrado
en aras de las anchas pantallas de los televisores digitales.
La película era en 1:1,37 y adrede, pues en los años
setenta ya eran numerosas las obras rodadas en otros formatos
¡Qué vergüenza!
Victor Sjöström
Como
en el caso de Stroheim, el pionero sueco parece no haber existido
nunca, al menos en nuestro país. Al director de "El
viento" (1928) debió de llevárselo algún
vendaval.
Mauritz Stiller
Lo
mismo sucede con su insigne paisano, que pese a sus extraordinarias,
entre otras, "La canción de la flor escarlata"
(1919), "Erotikon" (1920), "En los remolinos"
(1921) y "La leyenda de Gunnar Hede" (1923), y pese
a ser el firmante de una de las obras maestras absolutas de
toda la época silente, "El tesoro de Herr Arne"
(1919), parece seguir recluido en el Círculo Polar
Ártico.
Carl Theodor Dreyer
¡Aleluya!
Por fin llega a España la versión restaurada
de una de las obras maestras de todo el cine: "Vampyr"
(1932) merodea por los estantes. Y no sólo eso, pues
también ha aterrizado la magistral "Michael"
(1924), penúltima de las grandes películas del
excelso cineasta que faltaban en España. A ver cuándo
llega "La viuda del párroco" (1921).
La
recomendación obligada.- A las cinco que ya señalamos
en su momento debemos añadir imperativamente "Vampyr",
que ha de dar una visión completamente distinta del
danés a quien sólo lo conozca por sus últimos
títulos: una especie de negativo arrollador y demoníaco
de sus austeras y místicas películas más
conocidas. Versus presenta éste, uno de los sueños
más inasibles y escurridizos, más morbosos y
alucinantes que ha dado el cine, en magnífica edición
repleta de extras. Imprescindible, como también lo
es la edición por Divisa de "Michael" en
flamante copia restaurada.
Ingmar Bergman
El
director teatral y autor cinematográfico sueco ya había
conseguido colar casi todas sus mejores películas,
de forma que las ya escasas novedades ocurridas en este tiempo
han aportado títulos bastante menores, con la única
excepción de la estupenda "En el umbral de la
vida" (1958). Pero, como quiera que todas sus obras maestras
ya reinaban exultantes en el mercado, no hay motivo para actualizar
el apartado de las recomendaciones.
Alemania y Austria
Ernst
Lubitsch
Pocas
novedades para el príncipe de la comedia, y las reseñables
tan sólo relativas al final de su carrera, por lo que
siguen pendientes casi toda su brillante etapa muda americana
y su obra maestra, "Un ladrón en la alcoba"
(1933). Al menos, es un consuelo, por fin ha llegado "El
bazar de las sorpresas" (1940).
La
recomendación provisional.- "Ser o no ser"
ha vuelto a editarse otra vez. Y aunque el lanzamiento de
2008, debido a Suevia Films, sigue sin ser excepcional, lo
cierto es que resulta aceptable y ha mejorado notablemente
los anteriores. Por ello y porque se trata de una indiscutible
e indiscutida obra maestra, de la comedia, de la farsa, del
cine político y del cine en general, ya no dudamos
en recomendar su adquisición. Compensa.
Friedrich Wilhelm Murnau
Y
del rey de todo el cine alemán y del cine mudo entero
han llegado tres nuevas películas en impolutas copias
restauradas. Dos son "El castillo de Vogelöd"
(1921) y "Las finanzas del gran duque" (1924), pero,
pese a su indudable solvencia, son éstos los títulos
más apagados de los doce que se conservan del genial
director y es dudoso que puedan despertar el entusiasmo en
los neófitos de Murnau
como sí lo haría
la ausente "El pan nuestro de cada día" (1928).
Muy superior es la tercera incorporación, la extraña
y magnífica "Phantom" (1922), aunque tampoco
sea un Murnau señero; tarea ardua, por lo demás.
Así, que el apartado de las recomendaciones imprescindibles
podría quedar igual, si no fuera por
La
recomendación corregida.- "Nosferatu" (1921)
ya había sido comercializada por la propia Divisa en
la versión restaurada por esa entidad alemana, a la
que todos los aficionados debemos estar eternamente agradecidos,
llamada Friedrich Murnau Stiftung. Pero ahora en la relanzada
"Nosferatu. Edición Limitada Especial 25 años"
ha eliminado la horrible banda sonora compuesta ex profeso
para acompañar el antiguo DVD, recuperando en cambio
la partitura original del film (sí, las películas
mudas también tenían banda sonora). No sólo
eso, la copia actual, al contrario que la anterior, no tiene
tacha, se ha recuperado la totalidad del encuadre y hasta
los tintados son de calidad superior. A ello cabe añadir
el soberbio documental de Luciano Berriatúa, cuyo punto
fuerte es el rastreo de los decorados naturales donde se rodó
la película. Una edición definitiva, como hay
pocas.
Fritz Lang
Dos
incorporaciones hacen aún más nutrida la presencia
del director del monóculo: el interesante western "La
venganza de Frank James" (1940) y la inédita y
prometedora "House by the river" (1950). Eso, sin
contar el enésimo lanzamiento de la magistral "Perversidad"
(1947), que, en el colmo de la desvergüenza, SAV ha osado
reeditar dentro de su piojosa serie Hollywood Oro, caracterizada
por infames copias y carencia de versiones originales, sólo
pésimamente dobladas. ¡Cobrar por eso sí
que es piratería! Ahora bien, el hecho más interesante
relativo al director austriaco resulta ser ajeno a él,
pues dos películas suyas, dos de sus obras maestras,
han puesto de manifiesto los caprichos de las distribuidoras
al manipular los formatos, caprichos que por desgracia tanto
tenemos que denunciar en esta sección. Nos referimos
a dos lanzamientos de Sony dentro de su serie New Columbia
Classics. "Los sobornados" (1953), que en el lanzamiento
de 2006 se comercializaba en el correcto 4:3 o 1:1,37, ¡ahora
resulta ser panorámica! Y, justo al revés, "Deseos
humanos" (1954), que según el lanzamiento de Suevia
era panorámica, ahora ha recuperado su formato original
4:3. ¿Alguien puede explicar esta tomadura de pelo?
Los designios de la distribución son inescrutables
La
primera recomendación.- Habíamos rechazado la
edición de la inmarchitable "Deseos humanos"
por parte de Suevia, pero la más reciente de Sony es
ineludible: el formato es correcto y la copia, deslumbrante.
Sólo una pega, que para algunos será determinante:
la estrambótica costumbre de esta distribuidora de
no ofrecer subtítulos en castellano. A practicar el
inglés.
Georg Wilhelm Pabst
Al
bohemio aún no le va viento en popa, pero en estos
últimos meses tampoco le ha ido mal del todo. Pues,
en efecto, se han incorporado al catálogo nada menos
que dos de sus grandes títulos sonoros: el film bélico
"Cuatro de infantería" (1930) y el musical
"La comedia de la vida" (1931).
La
recomendación sonora.- A la silente "La caja de
Pandora" (1929) añadimos "La comedia de la
vida" (1931), un film magnífico que presenta el
aliciente añadido de ser una adaptación de la
inolvidable opereta de Kurt Weill según libreto de
Bertoldt Brecht. Además, la copia recién restaurada
es inmaculada y el lanzamiento de Divisa la presenta en un
doble disco, añadiendo a la canónica y superior
versión alemana la francesa; costumbre ésta,
la de las versiones en distintos idiomas, relativamente habitual
en los primeros tiempos del sonoro
cuando aún
no había doblaje.
William Dieterle
El
pobre Dieterle, en cambio, sigue teniendo la negra. ¡Mira
que haberse sumado a su videografía sólo "Salomé"
(1953)! Con esta mala película es dudoso que a ningún
aficionado le entren las ganas de conocer otras de él.
Una pena.
Max Ophüls
Y
aún más flagrante ha sido el desdén mostrado
al director de los valses y el can-can, pues ninguna novedad
ha habido. Por tanto, siguen olvidadas, entre otras, "La
signora di tutti" (1934), "Almas desnudas"
(1949), "El placer" (1952) y "Madame de
"
(1953). Y sigue malviviendo en una indecente copia la inmarchitable
"Carta de una desconocida" (1948).
Douglas Sirk
Sólo
ha habido una novedad verdaderamente destacable del hamburgués:
poco, teniendo en cuenta las excelentes películas aún
ausentes, en especial las magistrales "Su gran deseo"
(1953) y "Siempre hay un mañana" (1955).
Por fortuna, la recién llegada es una de sus obras
capitales.
La
recomendación añadida.- Suevia se ha encargado
de la difusión de esa inolvidable elegía, situada
en la Alemania de la segunda contienda mundial, que es "Tiempo
de amar, tiempo de morir" (1958). Como quiera que la
película era originalmente en CinemaScope, el formato
original se ha respetado. La copia es además excelente,
por lo que recomendamos entusiastamente la adquisición
de esta película emocionante como pocas.
Otto Preminger
El
austriaco del cráneo rasurado ya estaba muy presente
en el catálogo. Aun así, ha habido una media
docena de nuevos títulos, pero casi todos pertenecientes
al final de su carrera, su etapa menos interesante. Afortunadamente
entre los nuevos lanzamientos figura la extraordinaria "Tempestad
sobre Washington" (1962). No obstante, una pequeña
pega: ciertamente la película era en scope y así
se comercializa, pero ello no ha impedido que se recorten
los encuadres y veamos las frentes de Henry Fonda o Charles
Laughton rebanadas ¡hasta en los planos americanos!
Preminger nunca (mal) componía así el plano.
Billy Wilder
¡Y
el director de las gafas sí que está de enhorabuena!
La aparición de sus dos únicos títulos
invisibles hasta ahora, la magnífica "Ariane"
(1957) y la execrable "Aquí un amigo" (1981),
lo convierten en un rara avis del mercado, pues toda su obra,
como la de Chaplin, ya se encuentra a disposición del
aficionado.
La
nueva recomendación.- En contra de lo que suele ser
habitual en esta distribuidora, Sogemedia presenta una excelente
copia de "Ariane", obra gozne entre la etapa itinerante
de su director y el famoso ciclo de comedias ácidas
que empezaría poco después. Pese a ser una de
sus obras menos reconocidas, quizás por pertenecer
a la cosecha más sentimental de su autor, es sin embargo
una de las más destacadas
si no la mejor. Así
que es de visión obligatoria para todo aficionado a
Wilder en particular y a la comedia en general.
Alexander Kluge
Si
hace un año nos lamentábamos del injusto olvido
en el que había caído el más insigne
representante del nuevo cine alemán, debemos ahora
rectificar y bien gustosamente, pues la intrépida distribuidora
Karma Films ha decidido comercializar en España el
paquete de su filmografía ¡al completo! que ya
circulaba en Alemania hace más de un año.
La
recomendación.- Merece la pena adquirir sin pega alguna
la "Integral Alexander Kluge". Ciertamente, son
nada menos que dieciséis discos, pero a muy buen precio
y las copias son excelentes; y ciertamente, la obra de este
también escritor y amante de la ópera es muy
irregular, como demuestra su infumable díptico de ciencia-ficción
"El gran caos" (1971) y "Willy Tobler y la
caída de la 6ª flota" (1972) y alguna que
otra floja película. Pero: primero, tener la integral
de un gran director, aun con altibajos, en un único
lote es un lujazo; y segundo, son muchas las películas
que avalan que nadie como el alemán, ni siquiera Godard,
ha abordado el cine de ensayo (casi siempre político)
con tanta variación de perspectivas estructurales ni
tan alta calidad conjunta. Ahí están para que
los disfrute el espectador libre de prejuicios cortometrajes
como "Brutalidad en piedra" (1961) y "Retrato
de una prueba" (1964), y largometrajes como "Los
artistas bajo la cúpula del circo: perplejos"
(1968), "Trabajo ocasional de una esclava" (1973),
"En peligro y extrema angustia el camino del medio lleva
a la muerte" (1974), "Ferdinand el radical"
(1976), que es lo más parecido a una película
de ficción convencional nunca rodado por el teutón,
la magistral "El poder de los sentimientos" (1983),
así como "El ataque del presente al resto de los
tiempos" (1985) y "Miscelánea de noticias"
(1986).
Francia
y Bélgica
Jean
Renoir
Por
fin las incorporaciones a la filmografía del parisino
comienzan a tener cierta lógica, pues al buen número
de obras que ya estaban disponibles en los comercios se han
sumado dos de sus mejores filmes, sin duda los más
prestigiosos: "La gran ilusión" (1937) y
"La regla del juego" (1939).
La
recomendación actual.- Studio Canal presenta al alimón
con Universal una impoluta copia de la siempre emocionante
"La gran ilusión". Imprescindible.
Jacques Tourneur
Hoy
en día una de las grandes aficiones de las compañías
videográficas (discográficas también)
es lanzar y relanzar una y otra vez los mismos productos.
En concreto, viendo las fechas de lanzamiento podría
parecer que ha habido copiosas novedades del director esquivo
pero no es así. Seguirían faltando exactamente
las mismas películas que echamos en falta hace un año,
es decir, "Stars in my crown" (1950), "Martín
el gaucho" (1952), "Una pistola al amanecer"
(1956) o "Nightfall" (1957), si no fuera por una
única excepción.
La
quinta recomendación.- ¡Y qué excepción!
"Wichita" (1955) es quizás el mejor y más
personal western de Tourneur
lo que quiere decir que
es un western aparentemente plácido y decididamente
extraño. Suevia presenta esta película magistral
en una copia a la altura, por lo que no dudamos en aconsejarla
con entusiasmo. Además, junto a las cuatro recomendaciones
anteriores, completa ese viaje por los géneros mirados
a través de un telescopio feérico (antes fueron
el fantástico, el negro y la aventura), que es la obra
de este francés americano de adopción. Por cierto,
que merece la pena comentar la comercialización por
Manga del cofre "Tourneur Esencial", pues contiene
tres de sus gloriosas obras maestras ya recomendadas antes
por nosotros, "La mujer pantera" (1942), "Yo
anduve con un zombi" (1943) y "Retorno al pasado"
(1947), aparte de la extraordinaria "Berlín Express"
(1948). También "Días de gloria" (1945),
aunque, pese a su indudable solvencia, no es desde luego un
Tourneur esencial: bueno, los otros cuatro títulos
sí lo son.
Robert Bresson
Dos
llegadas de altura del maestro del Cinematógrafo nos
hacen pasar el ecuador en la difusión de su escasa
obra: hablamos de "Al azar Baltasar" (1966), quizás
su película más popular, protagonizada nada
menos que por un burro (Baltasar), y "Mouchette"
(1967)
que no es una mosquita, sino una muchacha.
La
recomendación con remilgos.- Puede que "Mouchette"
no sea una obra maestra absoluta, pero bien poco le falta:
es una película impresionante y un acercamiento ideal
para el neófito al mundo bressoniano, un mundo lábil
y austero, severo y escurridizo, que consigue una exaltada
emoción por un raro camino, un drôle de chemin
(como se decía al final de la inmortal "Pickpocket").
Sin embargo
Otra vez, otra más. Manga la presenta
en formato distinto del original, un 16:9 que recorta numerosos
encuadres. La película es imprescindible; la edición,
censurable.
Jacques Becker
Pese
a que su obra abunda en excelentes películas, de este
olvidado cineasta tan sólo parece existir un título:
"París, bajos fondos" (1952). Los demás
yacen en las catacumbas del celuloide.
La
recomendación corregida.- Studio Canal, en colaboración
con Universal, lanza una nueva edición de la más
famosa película del parisino. Debido a que la calidad
del negativo original es muy superior a la del utilizado por
el anterior lanzamiento de Manga, el nuevo DVD de "París,
bajos fondos" desbanca claramente al anterior y es el
que debe adquirir todo aquél que aún no posea
esta emocionante película.
Georges Franju
El
pobrecito bretón sigue siendo víctima de una
tozuda abducción mediática, pues, a juzgar por
los estantes españoles, nunca debió de existir.
No obstante, en el extranjero se pueden localizar tres ficciones
de altos vuelos: "La cabeza contra los muros" (1959),
"Ojos sin rostro" (1960) y, la mejor de las tres,
esa reelaboración del cine serial mudo, entre paródica
y admirativa, siempre mágica de cualquier modo, que
es "Judex" (1963).
Alain Resnais
Del
cineasta de la memoria se han recuperado remasterizadas las
ya editadas "Hiroshima mon amour" (1958) y "Muriel"
(1963). Confiemos en que se haya solventado especialmente
el problema del muy deficiente sonido de la versión
original de la segunda en el lanzamiento previo por la misma
Filmax. Aparte, ha habido un buen puñado de llegadas
importantes: la estupenda "La guerra ha terminado"
(1964), la extraordinaria "Asuntos privados en lugares
públicos" (2006), su última película
estrenada, y nada menos que un buen ramillete de sus antológicos
documentales de los cincuenta, así, la mítica
"Noche y niebla" (1955), cabalgando en DVD abusivamente
en solitario, y "Van Gogh" (1948), "Guernica"
(1950) y "Toda la memoria del mundo" (1956), bien
avenidas en un DVD más generoso lanzado por Versus,
de nombre "Alain Resnais: Cortometrajes" y que contiene
otros dos cortos menores. Aviesamente, "El año
pasado en Marienbad" (1962) y "Te amo, te amo"
(1968), sus dos obras cumbre, siguen sin comercializar.
Más
recomendaciones.- Es imprescindible el DVD "Alain Resnais:
Cortometrajes", todos ellos, por cierto, documentales;
y lo es muy especialmente por contener la cima del francés
en dicho formato y dicho género: la magnética,
la feérica "Toda la memoria del mundo". Tampoco
nos resistimos a recomendar "Asuntos privados en lugares
públicos" (comercializada por SAV), pues, aunque
no alcance la pasmosa altura de las obras maestras ausentes,
no desmerece de ellas y es, como ya apuntamos hace un año,
una de las pocas películas verdaderamente grandes de
comienzos de este tristón siglo XXI
contadas
con los dedos de una mano.
Jacques Rivette
Del
teatrero de la Nouvelle Vague sólo ha habido la incorporación
de su último film hasta la fecha: "La duquesa
de Langeais" (2007), un interesante, pero fallido film
que demuestra una vez más (véase su lamentable
adaptación de "Cumbres borrascosas") que
lo de Rivette no es precisamente el retrato de las pasiones.
Además, cuenta con el lastre añadido de una
de las parejas menos atractivas y más antipáticas
que imaginar quepa: una escuálida y seca Jeanne Balibar,
que el director nos intenta vender infructuosamente como fascinante,
y un pueril Guillaume Depardieu, que heredó de su padre
el aspecto de brutote, pero no su mirada noble. ¿Se
habrá vuelto ciego Rivette? Mejor veía, pensamos,
en algunos excelentes títulos anteriores a los ochenta,
por desgracia ausentes, como "Céline et Julie
vont en bateau" (1974) y "Duelle" (1976). O
en la apasionante, y presente, "La bella mentirosa"
(1982).
Eric Rohmer
La
mejor obra del alsaciano cantor de la cotidianeidad ya estaba
presente al cien por cien, así que la incorporación
de su simpática última película, "El
romance de Astrea y Celadón" (2007), no ha alterado
la situación en lo fundamental.
Jean-Luc Godard
Las
novedades relativas al franco-suizo siguen completando su
copiosa filmografía, pero ninguna cabe contarla entre
lo esencial de su director, ni "Masculino femenino"
(1966), ni "Dos o tres cosas que sé de ella"
(1967), ni todos los panfletarios filmes revolucionario-maoístas
que integran el paquete "Colección Jean-Luc Godard
y el grupo Dziga Vertov" (1968-1974), cuyo máximo
interés radica en nuestra opinión en el tanteo
y esforzada exploración de un modo propio de expresión
radicalmente nuevo que no llegará a conquistarse hasta
mucho más tarde, con, por ejemplo, las ya editadas
"Nombre Carmen" (1983), "Hélas pour
moi" (1993), "Histoire(s) du cinéma"
(1988-1998) y "Nuestra música" (2004). O,
con su obra maestra, lamentablemente ausente: "Elogio
del amor" (2001).
André Delvaux
Pasamos
ahora por zona esteparia, pues del melancólico director
belga hay en los comercios el mismo rastro que del rocío
al mediodía. Por no haber, no hay ni la siempre recordada
"Cita en Bray" (1971) ni la magistral "Belle"
(1973).
Marguerite Duras
La
misma desértica situación en lo que toca a la
dama del cine: sequía total. No nos ha caído
ni siquiera la inmortal "India song" (1975).
Chile
Raúl
Ruiz
Y
nada nuevo del loco barroco del señor Ruiz. Debió
de naufragar buscando la isla del tesoro o la villa de los
piratas. ¿O quizás se lo zampó un tiburón
(mediático)?
Inglaterra
Alfred
Hitchcock
Del
gran maestro del cine hay ediciones para dar y vender: bastante
más de cien
a pesar de que su obra consta, aparte
sus telefilmes, de algo más de cincuenta películas
para cine. Eso quiere decir que se editan, se reeditan y vuelven
a editar muchas de sus películas, la mayoría
de las veces sin mejoras reseñables. Cierto, algunas
ediciones ya eran definitivas, pero otras tienen su asignatura
pendiente, especialmente la calidad de las copias originales
en muchas de sus películas inglesas y la recuperación
de los formatos auténticos en tantos títulos
de su época de gloria, la que va de 1954 a 1964. Por
desgracia, Universal ha desaprovechado la oportunidad de enmendar
tantos errores pasados con su nueva serie de aquellas películas
de las que ostenta los derechos, serie autoproclamada como
"La colección definitiva". De definitiva,
nada: "La ventana indiscreta" (1954) y "Psicosis"
(1960) siguen ofertándose panorámicas (es decir,
mutiladas arriba y abajo), mientras "Los pájaros"
(1963) y "Marnie" (1964) lo hacen, en uno de los
mayores casos de mala voluntad del mercado, en formato cuadrado
(es decir, mutiladas en los laterales). Por el lado positivo,
la gran sorpresa nos la ha dado Warner, que por fin ha liberado
las extraordinarias películas que retenía del
maestro: la excepcional "Yo confieso" (1952), la
estupenda "Crimen perfecto" (1954) y la magistral
"Falso culpable" (1957).
Las
recomendaciones olvidadas.- Cada una, olvidada por un motivo.
En la pasada entrega, debido a la copioso del material consultado,
cometimos el imperdonable error de descalificar la copia de
"Encadenados" (1946) utilizada por Manga Films en
su lanzamiento, cuando resultaba que era magnífica.
Así que nos enmendamos la plana y esta edición
antigua de Manga pasa a ocupar un lugar de máxima preferencia
en la videografía hitchcockiana. No es para menos,
tratándose de una de sus más incandescentes
e imperecederas obras maestras, presentada, ya lo hemos dicho,
en excelente copia. El otro injusto olvido no era nuestro,
sino de la distribución, lo que también ha provocado
el de tantos aficionados: "Falso culpable", pese
a su apariencia poco hitchcockiana, por lo sobria, no sólo
es uno de los títulos más característicos
y significativos del genio inglés, sino también
una de sus máximas obras maestras y, por ende, del
cine. Una de sus películas más sentidas, entre
Kafka y Freud, de alcance pasmoso y profundidad inconmensurable.
Poco importa que no haya ningún extra en absoluto,
cuando además Warner ha subsanado el zancocho que ella
misma perpetró hace unos años en su lanzamiento
internacional, dándola como panorámica (y expulsando
así de los encuadres las manos, tan fundamentales para
la esencia íntima de la película), pues la ha
editado en su formato original 1:1.37. No hay duda: imprescindible.
David Lean
Filmax
ha desestimado una oportunidad de oro al lanzar el cofre "David
Lean: Edición Centenario" (1942-1950) que cubre
la etapa inglesa del director, pues, primero, faltan dos títulos,
la magnífica "La barrera del sonido" (1952)
y la muy recomendable "El déspota" (1954),
y segundo, no todas las películas presentes aparecen
en buenas copias remasterizadas. La importunidad es aún
mayor, pues en el país del té de las cinco,
antes que el paquete español, había aparecido
otro con las diez películas en cuestión ¡recientemente
restauradas por el British Film Institute! A veces no se sabe
si las distribuidoras pretenden homenajear de verdad a los
directores o simplemente sacar tajada de cualquier efeméride
Terence Fisher
El
espíritu del director más gótico de la
historia del cine parece estar reviviendo en alguna cripta
e impulsar telepáticamente a que los distribuidores
recuperen su obra. En efecto, este año han vuelto a
la vida comercial casi todas las mejores películas
ausentes del cultivador del terror de biblioteca y, aunque
todavía quedan muchos títulos suyos por recuperar,
casi todos los mejores ya rondan los estantes. Demos la bienvenida
a "La momia" (1959), "Las dos caras del Dr.
Jekyll" (1960), "La gorgona", comercializada
como "La leyenda de Vandorf" (1964), y "El
cerebro de Frankenstein" (1969). Lástima, que
a "La maldición de Frankenstein" (1957) y
a "Drácula" (1958) les haya clavado los colmillos
la comercialidad más ramplona de Warner, que nos las
presenta en un formato panorámico por arte de barata
magia.
Las
nuevas recomendaciones.- Entre el florecimiento macabro que
nos ha deparado la temporada, no está de más
añadir a nuestras recomendaciones pasadas la lírica,
miasmática y escurridiza "La leyenda de Vandorf",
así como la escueta e impávida "El cerebro
de Frankenstein".
Jack Clayton
Ninguna
novedad del cineasta de Brighton, cuya parca obra podría
ser un aliciente para rescatar dos de sus tres mejores películas
hoy tan olvidadas: "Siempre estoy sola" (1964) y
"A las nueve cada noche" (1967).
España
Luis
Buñuel
Si
hace un año nos lamentábamos de la sangrante
situación comercial de la obra del cineasta calandino,
por fin la distribución ha saldado muchas de las cuentas
pendientes que tenía con él y esta temporada
ha visto excelentes ediciones de un importante número
de sus mejores películas ausentes. Para empezar, Cameo
ha lanzado un apetitoso cofre que ha llamado "Luis Buñuel.
La etapa mexicana", con una selección de cinco
títulos no siempre entre los mejores y más significativos
del período, pero todos ellos como mínimo estupendos
y en magníficas ediciones restauradas. Las joyas son
evidentemente las más personales "Susana"
(1951) y "El bruto" (1953), pero el melodrama "Una
mujer sin amor" (1952) y las aventuras de "Robinson
Crusoe" (1954) y "La muerte en el jardín"
(1956), tres buenas películas, demuestran algo que
muy pocas veces se ha subrayado: la gran capacidad de Buñuel
para hacer cine de género y hacerlo bien. Filmax presenta,
por su parte, otro título destacado, "Así
es la aurora" (1956), y también Universal ha editado
un buen puñado de películas, esta vez por separado
y pertenecientes a la última obra francesa, entre las
que preferimos destacar la esquiva "Diario de una camarera"
(1963)
aunque Sogemedia es la que se ha llevado el gato
al agua con el mejor título de esta etapa, la siempre
inquietante "Belle de jour" (1967). Ahora bien,
la novedad más deslumbrante la ha proporcionado Tribanda
con un antológico paquete que reúne tres de
su obras máximas.
La
recomendación absoluta.- El "Pack Luis Buñuel"
reúne nada menos que las tres películas producidas
por Gustavo Alatriste y protagonizadas por Silvia Pinal, películas
que culminaron su obra mexicana al tiempo que apuntaban hacia
Europa y que son en conjunto la cima de toda la filmografía
del aragonés y, por lo tanto, una de las cumbres de
todo el cine: "Viridiana" (1961), "El ángel
exterminador" (1962) y "Simón del desierto"
(1964). Se presentan en copias impolutas, respetando los formatos
originales. Además, se ha recuperado por fin la doble
entrada de los burgueses a la mansión de "El ángel
exterminador", durante tantos años escamoteada
por mercaderes sin conciencia. De ciega adquisición.
Italia
Roberto
Rossellini
Ninguna novedad reseñable del
cineasta romano enamorado de Ingrid, lo que es una lástima,
pues, aunque casi todas sus mejores películas ya están
en el mercado, las copias de las que se han obtenido han solido
tener una calidad pésima
¿Habrá
solventado Vellavision el problema con el nuevo lanzamiento
de "Roma ciudad abierta" (1945) y "Alemania
año cero" (1948), dos de las mejores películas
del neorrealista? A pesar de que al menos "Roma ciudad
abierta" ya tiene negativo restaurado, la distribuidora
no comenta nada al respecto, por lo que no sabemos cómo
será la calidad de esta nueva edición
ni abrigamos demasiadas esperanzas. Sinceramente, ya empezamos
a cansarnos de tantos relanzamientos y requetelanzamientos
que utilizan siempre los mismos ínfimos materiales
de base.
Luchino Visconti
Ninguna
nueva importante del director milanés, tampoco la magnífica
reedición por Vellavision de "Bellísima"
(1951), pues se trata de una de las películas menos
insignes del cineasta operístico. Mientras tanto, dos
de sus obras maestras, "La terra trema" (1948) y
"Senso" (1954), siguen ocultas en los archivos de
alguna mentecata distribuidora.
Mario Monicelli
Algo
más de suerte ha tenido este año el toscano
burlón. Claro, que su situación cara al público
es mucho menos boyante que la de sus paisanos y aún
quedan muchísimos títulos que recuperar. Sólo
dos han salido a la luz en esta temporada, pero, al menos,
uno es la muy divertida "Guardias y ladrones" (1951),
una de sus abundantes colaboraciones con el gran cómico
Totò codirigidas por Steno, y el otro es nada menos
que su indiscutible obra maestra, "La gran guerra"
(1959).
La
mejor recomendación.- Como ya comentamos hace un año,
"La gran guerra", que en suntuoso scope conjuga
singularmente comedia con cine bélico, es uno de los
monumentos del cine al sentimiento tragicómico de la
existencia. Inesperadamente la irregular distribuidora Sogemedia
la oferta en una copia impecable, así que no hay duda.
A por ella: es ahora la primera e irrefutable recomendación
del maestro de la comedia italiana.
Federico Fellini
Del
maestro del cine-circo, el cine-ballet y el cine-música
tan sólo una novedad de enjundia. No, nos referimos
al alucinante lanzamiento de "Ginger y Fred" (1986)
por Llamentol, pues la edición coleccionista ¡de
tres discos!, por mucha alharaca y muchos documentales sobre
el cineasta que contenga, no puede evitar que éste
sea el peor título y único prescindible del
genio italiano. Aunque la mona se vista de seda
Por
el contrario, Sogemedia ha lanzado una de las tres obras maestras
que aún quedaban ocultas: ese inolvidable falso documental,
más cercano en realidad al cine musical o al de ciencia-ficción,
que es "Roma" (1972). Las no menos geniales "Satyricon"
(1969) y "Los clowns" (1971) esperan a alguna distribuidora
caritativa.
La
recomendación misteriosa.- No hemos constatado este
nuevo lanzamiento de "Roma", pero confiamos en que
esa poco fiable distribuidora haya continuado la buena estela
marcada por "La gran guerra". Aun con dudas, la
adquisición puede merecer la pena, pues se trata de
una obra maestra de altura y un ejemplo de ese cine no narrativo,
pero sensorial y discursivo a raudales, que tan habitual era
en los sesenta y setenta y tan escaso es hoy en día.
Ésta sí es una de esas películas que
ya no se hacen. Quizás nadie le produjera hoy a Fellini
Grecia
Theo
Angelopoulos
¡Los
admiradores del heleno están de enhorabuena! Intermedio,
en una admirable iniciativa, se ha propuesto editar todos
los largometrajes del cineasta que aún quedaban pendientes
en un par de cofres, con excelente presentación y unos
libretos explicativos soberbiamente documentados, que en el
caso del griego resultan de gran ayuda, pues su primera filmografía
analiza largos períodos de la historia del país
balcánico a lo largo del siglo XX, por lo general desconocida
para los nacionales de otros países.
La
recomendación vencedora.- El primer cofre que llega,
"Cofre Theo Angelopoulos 1970-1977", incluye su
magnífico primer largometraje "Reconstrucción"
(1970), aparte de las estupendas "Días del 36"
(1972) y "Los cazadores" (1977). Sin embargo, la
gran joya del lote, dividida en dos discos debido a su larga
duración, es la impresionante "El viaje de los
comediantes" (1975), considerada como su obra más
emblemática, desde luego la más compleja y aquélla
que confirmó la denominación de origen del estilo
del director, entre la historia y el mito, entre el documento
y el sueño, entre la abstracción y el ballet.
Imprescindible. Pero ¡atención!, se anuncia ya
el segundo cofre, que incluirá, aparte de la irregular
"Alejandro el Grande" (1980), su largometraje más
retórico e insuficiente, nada menos que dos de sus
obras maestras, la homérica "Viaje a Citerea"
(1984) y "El apicultor" (1986), inolvidable cumbre
de una obra que siempre ha brillado a gran altura.
Unión
Soviética
Serguei
Eisenstein
Nada
nuevo del cineasta nacido en Riga. Nada trágico tampoco,
pues al fin y al cabo casi toda su obra ya estaba editada
aunque en muchos casos en copias definitivamente mejorables.
Dziga Vertov
Peor
es que no haya ninguna novedad de este gran documentalista,
pues tan sólo hay disponible la magistral "El
hombre de la cámara" (1929), mientras otras películas
extraordinarias que no desmerecen de ella, como "El décimo
primero" (1928) o "Entusiasmo (Sinfonía Donbassa)"
(1930), siguen tercamente invisibles.
Aleksandr Dovzhenko
Y
lo que ya no tiene nombre es lo del genial ucraniano, cuya
persistente ausencia del mercado parece deberse a un contubernio,
no evidentemente anti-sistema, sino anti-cultura. Que obras
capitales del cine como "Arsenal" (1929), "La
tierra" (1930) o "Iván" (1932) permanezcan
desterradas de nuestro país es una de las grandes vergüenzas
de esta sociedad de la opulencia material
y la miseria
cultural. ¿Crisis? ¿Cuál de todas?
Andrei Tarkovsky
El
que sí está casi de enhorabuena es este otro
poeta del cine, ya que por fin nos ha llegado el único
largo suyo que quedaba pendiente, que es, como la mayoría
de los del místico ruso, simplemente magistral. Y si
antes hemos escrito casi es porque todavía queda pendiente
el excepcional cortometraje "El violín y la apisonadora"
(1961), que a nadie se le ha ocurrido ofrecerlo, ni siquiera
como extra (sustancioso) de alguno de los largos.
La
recomendación a sumar.- La hipnótica y majestuosa
"Nostalgia" (1983) la ha editado Llamentol con dos
opciones: un único DVD, o bien uno doble, con unos
cuantos documentales sobre el gigante ruso del cine que complementan
ésta, una de las postreras obras maestras del séptimo
arte. Imprescindible.
India
Satyajit
Ray
La
única supuesta novedad ha sido una reedición
de la "Trilogía de Apu"
a partir de
las mismas buenas copias que ya había utilizado la
misma Divisa. Como si el bengalí no hubiera filmado
más películas. En fin...
Japón
Kenji
Mizoguchi
Que
el titán del cine japonés ya estuviera presente
con una veintena de títulos suponía un buen
porcentaje (más de la mitad de los títulos conservados),
pero es una lástima que no haya habido ninguna otra
incorporación en este lapso, cuando aún quedan
pendientes tantas obras excelentes y, en particular, esas
piezas maestras que son "Osén de las cigüeñas"
(1935), "El valle del amor y la tristeza" (1937)
y "Retrato de la Señora Yuki" (1950). A esperar
toca.
Yasujiro Ozu
Por
lo visto, Filmax o bien ha parado, o bien se ha tomado un
respiro en su encomiable política de difusión
del cine japonés, pues tampoco ha habido novedad del
gran cineasta del sake y el tatami. Ciertamente, una mayor
porción de sus títulos que en el caso de Mizoguchi
había ya disponibles, pero aún faltan un puñado
de películas excelentes, casi todas datadas a comienzos
de los años 30, entre ellas la magistral "Mujer
de Tokio" (1933).
Mikio Naruse
Lo
mismo sucede con este otro tokiota: nada nuevo bajo el sol.
Y en su caso, aún es más lamentable, pues quedan
muchas, muchas películas de campanillas por recuperar.
Hiroshi Shimizu
A
Hiroshi Shimizu, a pesar de conocer tan sólo cuatro
películas suyas, le dimos un voto de confianza hace
un año en esta sección. Pues bien, la edición
japonesa de ocho películas de las más de un
centenar que conforman su filmografía ha puesto de
manifiesto que no sólo era digno de tal voto, sino
que nos habíamos quedado cortos en su valoración.
Pues, aunque parezca mentira, un cineasta hasta hace poco
oculto y casi completamente ignoto acumula merecimientos en
abundancia para codearse con los más grandes: en Japón
supera a todos sus colegas salvo a Mizoguchi y Ozu (y habrá
que esperar a recuperar el resto de su obra superviviente
para saber ni no está a la misma altura); o, para hacer
más comprensible su importancia, de los cineastas americanos
podría ser equiparable, por generación y logros,
sólo a Ford o Vidor. ¡Casi nada! Que de once
películas visionadas tan sólo una, "Sr.
Gracias" (1936), resulte formularia, mientras que todas
las demás, de buenas a magistrales, sean un prodigio
de inspiración, es simplemente pasmoso e indicio suficiente
de encontrarnos ante uno de los genios del cine. Como Mizoguchi,
como Ozu, como Naruse, Shimizu debutó en el cine mudo
y ya en esta etapa consiguió como mínimo una
obra maestra: "Muchachas japonesas en el puerto"
(1933), flamante por la audacia de sus recursos, su inventiva
visual y su precisión discursiva. Luego, llegado el
sonoro, el japonés se entregó a una narrativa
de asombrosa modernidad que deja en pañales las supuestas
innovaciones del posterior neorrealismo, por su abrazo a la
cotidianeidad y desprecio a las dramatizaciones superfluas,
por su atención al detalle jugoso y significativo,
por su conjugación de numerosos personajes, por su
narrativa a base de instantes y anécdotas que van posándose
en la película como sedimentos en un valle feraz. Este
cronista de la infancia, maestro del paisaje y de la improvisación
consiguió quizás la apoteosis de su obra en
los años treinta y primeros cuarenta, con piezas magistrales
como "Niños en el viento" (1937), "Cuatro
estaciones de niños" (1939) y "La torre de
introspección" (1941)
sin olvidar otros
títulos extraordinarios como "Los masajistas y
la mujer" (1938), "Notas de una cantante ambulante"
(1941), "La horquilla" (1941), o estupendos como
"Nobuko" (1940), "Los niños de la colmena"
(1948) y "El señor Shosuke Ohara" (1949).
Confiemos en que la recuperación de este gran cineasta
no tarde en hacerse extensiva a toda su filmografía
superviviente.
La
recomendación foránea.- En España no
hay nada, de momento, de Shimizu, pero confiemos en que pronto
llegue a nuestro país la difusión que, tímidamente,
ya ha comenzado en su Japón natal y en Estados Unidos.
Así las cosas, los cinéfilos de pro pueden saciar
su curiosidad con un paquete que ha editado la anglosajona
Eclipse, con subtítulos naturalmente en inglés,
bautizado como "Travels with Hiroshi Shimizu". Incluye
cuatro películas: "Sr. Gracias" y las fundamentales
"Muchachas japonesas en el puerto", "Los masajistas
y la mujer" y "La horquilla". No importa en
exceso que las copias sean muy mejorables (los japoneses aún
no han parecido comprender lo necesario de la restauración
de sus tesoros cinematográficos), pues el material
artístico es excepcional. Una experiencia inolvidable.
Akira Kurosawa
Se
disponía de prácticamente toda la filmografía
del director samurai, con tan sólo una ausencia destacable:
la modesta, pero intensa "Rapsodia en agosto" (1991).
Por fortuna, Manga la ha editado en este lapso. O sea, que
el oriental más celebrado y popular ya se encuentra
en el mercado al cien por cien de sus mejores obras.
Shohei Imamura
En
este país estamos sin apenas novedades en el frente
del este, y el director nipón más cáustico
y picaresco no ha sido excepción. Una pena, cuando
faltan muchas de sus mejores películas, en especial
la inolvidable "Lluvia negra" (1989).
Nagisa Oshima
Mientras
en Francia se está recuperando poco a poco una de las
obras más apasionantes de la modernidad cinematográfica,
en España parece que nos hemos dormido en los laureles.
No es que Oshima carezca de presencia en el mercado, pero
una tercera parte de sus largometrajes para cine no es una
proporción cabal, máxime cuando faltan hitos
importantes. Y aunque es bienvenida la incorporación
de la morbosilla "Max mi amor" (1986), lo cierto
es que éste, su penúltimo largo, dista mucho
de encontrarse entre lo más granado de su autor.
Yoshishige Yoshida
Este
compañero de generación de Imamura y Oshima,
antes más conocido como Yoshishige Yoshida, es uno
de los directores más olvidados por la cinefilia, mundial
en general e ibérica en particular; tanto es así,
que sólo recordamos que en los últimos veinticinco
años se difundiera en España una obra suya,
la impresionante "La promesa" (1986), y ello en
un añejo pase televisivo. Y sin embargo, quizás
sea el director nipón más destacado posterior
a Kurosawa. Su obra, como la de sus coetáneos Imamura
y Oshima, oscila sin descanso entre lo erótico y lo
político, si bien, a diferencia de ellos, presenta
ocasionalmente una irritante tendencia a lo kitsch y a lo
banal melodramático que ha lastrado algunos títulos
hasta abismos sin fondo, como es el caso de la turística
"Adiós, luz de verano" (1968), rodada en
parte en España, o de la histérica "Confesiones,
teorías, actrices" (1971). Pero cuando Yoshida
ha superado estas tentaciones de lo fácil, ha sido
capaz de construir una serie de películas extraordinarias,
de gran rigor y autoexigencia. Su filmografía gravita
inevitablemente en torno a su magistral trilogía política,
que analiza los movimientos subversivos del Japón,
poniéndolos en contacto con el presente de su realización,
esto es, la famosa "revolución" del 68, que
Oshima clarividentemente denunció como una impostura
igual que antes lo habían sido las anteriores planeadas
revoluciones: la anarquista en "Eros + Masacre"
(1969), la comunista en "Purgatorio Eroica" (1970)
o la restauradora de extrema derecha en "Golpe de estado"
(1973). Este incisivo análisis político vino
acompañado por una inventiva visual apabullante, por
una puesta en cuadro radical y por una complejidad estructural,
especialmente en los dos primeros títulos, inaudita,
casi inigualada en todo el cine (en particular, "Purgatorio
Eroica", conjugada en tres tiempos, pasado, presente
y futuro, no se puede comprender con una única visión).
Sólo con su trilogía, ya tendría garantizado
el japonés un lugar entre los grandes. Pero es que
antes, aunque se tomara cierto tiempo en descollar, ya había
ofrecido películas magníficas, así "El
fin de una noche dulce" (1961), "18 jóvenes
en busca de gresca" (1963), "Pasión ardiente"
(1967), "Mujer y llama" (1967), "Amor en la
nieve" (1968) y, sobre todo, una de sus obras maestras,
la hipnótica "El lago de las mujeres" (1966),
culminación de la serie de películas que, protagonizadas
por su mujer Mariko Okada, loaban o ponían en entredicho
el eterno femenino con desigual fortuna. Y, después,
cuando con dificultad sacara adelante algún proyecto
(sólo tres largometrajes en tres décadas) en
el seno de una industria que, sin duda debido a su incomodidad,
lo expulsó de ella como a Oshima; cuando por fin lo
consiguiera, el antes enfant terrible, ahora más templado,
demostró estar en plena forma: lo avalan su tan suntuosa
como siniestra adaptación de "Cumbres borrascosas"
(1988), su peculiar discurso sobre Hiroshima en "Mujeres
en el espejo" (2002), no tan emocionante como el de Imamura
en "Lluvia negra" pero igualmente punzante, y especialmente
esa destilación de su sabiduría fílmica
que es la potente e inolvidable "La promesa" (1986).
La
recomendación afrancesada.- La completa retrospectiva
que el Centro Pompidou le dedicó en el país
vecino en 2008 ha servido de acicate para que en Francia la
distribuidora Carlotta editara en DVD toda su obra en magníficas
copias. Para aquéllos con buen conocimiento del francés
o, cosa más improbable por estas latitudes, del japonés,
recomendamos calurosamente cualquiera de sus mejores películas,
pero muy especialmente el lanzamiento que reúne en
un único disco dos piezas de su trilogía política,
la extraordinaria "Golpe de estado" y la obra maestra
"Purgatorio Eroica".
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