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a la ilusión de ganar el Mundial de Fútbol
de Sudáfrica 2010.
a la ilusión de todo un país que se paralizaba
con cada partido de la selección nacional y que soñaba
con lograr la Copa por tercera vez, en el año del Bicentenario
de la patria.
La
euforia se había apoderado de todos, luego de un invicto
que se extendió durante 4 partidos.
Banderas,
camisetas, gorros
el país pintado de celeste y blanco.
Todo
tan distinto al invierno del 2009 - sólo un año atrás-
cuando también había una parálisis, pero debido
a la epidemia de la Gripe A. En
el 2009 estábamos dominados por el miedo; en el 2010 reinó
la alegría, el sentir nacional y el aliento hacia nuestros
jugadores.
Pero
llegó Alemania y sus 4 goles despiadados enviaron a nuestra
selección de vuelta a casa.
Se
repitió la historia del 2006: vencimos a México pero
no logramos doblegar a Alemania, sólo que esta vez la caída
fue más estrepitosa.
Quizás
Dios nos castigó, por habernos alegrado el día anterior
por la eliminación de Brasil (alegrarse por la derrota del
vecino
¡Dios se avergüenza de nosotros!).
Dios
ya no nos presta su mano, y nos anularon un gol en "posición
adelantada" que nos hubiera permitido empatarle el partido
a los alemanes antes de la goleada.
Parece
que Dios cambió de nacionalidad, ya no quiere ser argentino.
La
dura derrota hizo llorar amargamente a Diego Maradona y a los jugadores;
ese día, la desilusión y la tristeza nos acompañó
a todos.
Quizás
sea el sempiterno problema que nos aqueja como país y no
sólo en el fútbol: cómo con tantas individualidades
sobresalientes no logramos organizarnos en un trabajo conjunto que
nos lleve al éxito.
Al
día siguiente de la amarga derrota, todo el equipo volvió
unido al país.
Para
sorpresa de Maradona y los jugadores, una multitud celeste y blanca
acudió espontáneamente al aeropuerto de Ezeiza a recibirlos
entre vivas y agradecimientos.
Es
que, mientras duró, hubo alegría y la gente entendió
que se hizo todo lo posible por ganar. Que lo importante es la actitud,
el énfasis y el convencimiento que se pone en intentar obtener
los logros.
Vaya
el homenaje a todos aquellos, cualquiera sea el ámbito, que
ponen todo de sí mismos para intentar lograr un objetivo:
los que siguen luchando para tratar de revertir un resultado adverso,
los que siguen tratando de anotar en el alargue y los que llegan
hasta los penales
El
reconocimiento para todos los que lo intentamos -lo que fuera- y
seguimos, aunque el tiempo se haya acabado.
Salud,
¡para todos los que soñamos - lo que sea- y seguimos
intentando!
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