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FOCINO MAYOR DE FUENDETODOS
Texto: Chema Burrial
Fotos: José Pedro Mozota
Situación: 41° 21' 39.52" N 0° 55' 58.65"
W
Viajamos
camino de Fuendetodos. Una estepa árida sembrada de campos
calcinados de secano y manchas de desierto se extiende hacia el
sur atrapada entre el cielo de nubes viajeras y un horizonte de
viento peinado de espartos y días de azul claro, por donde
ahora cabalgan gigantes molinos de luz.
La
estepa a ratos se quiebra, y una grieta abre en la roca caliza una
foz - barrancos sin cauce que primero ayudaran a vaciar un salado
mar, cálido y antiguo, y ahora conducen las pocas lluvias
que el tiempo siempre ha dejado en ésta tierra, abrasada
de veranos y silencios fríos.
La
Foz Mayor aparece disimulada entre un escaso golpe de pinos que
ofrecen sombra al ganado y a unas cuantas encinas empecinadas en
ocupar un sitio, el suyo, arrebatado siglo a siglo por la historia
del hombre. Adentrarse en la ella es abrir una puerta hacia otro
paisaje; dentro, el horizonte se pierde y un mundo vegetal antes
insospechado crece al amparo de la umbría que se resguarda
entre sus paredes.
Aires
de mediterráneo penetran en la foz dejando genistas, sabinas
y encinas, también terebintos*, entre los pinos carrascos
que defienden con soltura una supervivencia ancestral. En todas
partes, enjutos enebros envejecen lentamente frente al crecimiento
vivo de los litoneros** anclados en las fisuras de la roca, y grandes
arces*** coloreados con la primera luz del otoño imponen
su rotunda presencia.
La
foz se estrecha y las zarzas enredan los pasos de un sendero envuelto
en guillomos, jazmines y rosas silvestres que camina entre las escarpadas
paredes que escapan hacia la altura donde habitan los buitres. El
cielo es apenas un estrecha cicatriz azul que aparece entre las
copas iluminadas del bosque. Cascadas de hiedra descuelgan en sus
hojas verde brillantes por las paredes donde el agua fue depositando
su huella de cal hasta caer sobre un suelo amortiguado por las hojas
de muchos otoños, donde los helechos buscan los rincones
húmedos y asoman las violetas.
Donde
la Foz Mayor decide acabar, un particular bosquete de litoneros
impone su esbelta hegemonía y abraza con raíces poderosas
las rocas de éste curvo rincón de piedra que se traga
el cauce seco de la foz. Aquí, el bosque tamiza de otoño
la luz del mediodía y un silencio amarillo sopla entre las
hojas que tiemblan de color trasmitiendo la sensación de
que todo pudiera suceder , que cualquier cosa pudiese aparecer.
*Litonero :
Celtis australis Almez, Latonero,
**Terebinto: Pistacia terebinthus, Cornicabra
***Arce Montpelier : Acer monspessulanum. Arce. Acirón.
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