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CUADERNOS DE NATURALEZA

Eduardo Viñuales / Escritor y naturalista
ORQUÍDEAS: SIMBOLO DE LA SENSUALIDAD

    Asociamos, generalmente, la presencia de flores orquídeas a lugares tropicales donde florecen las especies más vistosas de estas exóticas y bellas plantas. Pero nuestros campos, sierras y montañas también acogen diversas orquídeas, más pequeñas, pero igualmente hermosas.

    Pese a sorprendente que nos pueda parecer, en la naturaleza de Aragón se pueden localizar y encontrar más de 30 especies diferentes de orquídeas silvestres.

    En general, y aunque estas plantas de flores hermosas se asocian mentalmente a las selvas tropicales, lo cierto es que en nuestra región estas "hierbas" se hallan sin gran dificultad en el campo, especialmente durante la primavera tardía y el verano que es cuando tiene lugar la floración de las mismas. Son más pequeñas y discretas que las que se venden en floristerías, pero su carácter silvestre y autóctono les convierte en especies vegetales por las que han mostrado gran predilección los botánicos y naturalistas de nuestro país. Hay quien dice que son un regalo original y bello de nuestra naturaleza que no debe pasar desapercibido.

    Pero quizás lo más curioso de estas plantas se encuentre en la ecología y las estrategias únicas de que disponen estas especies vivas para garantizar su reproducción. Jean-Marie Pelt, profesor de biología vegetal y farmacognosia de la Universidad de Metz (Francia), ha estudiado la vida de las plantas de todo el mundo, y a ellas ha dedicado cientos de artículos y algunos libros divulgativos. Uno de ellos, "Las plantas, amores y civilizaciones vegetales", aborda a las orquídeas, a las que califica de "plantas fabulosas, extraordinarias, próximas a los hombres". Jean-Marie Pelt las denomina símbolos del exotismo, al evocar la exuberancia de los bosques tropicales. Pero lo cierto es que las orquídeas han conquistado todo el planeta: desde Alaska y Siberia, e incluso Groenlandia, hasta medios secos y calurosos.



     Las orquídeas se muestran ante todo como plantas especializadas en desarrollar estrategias para garantizar su reproducción, el fin de muchas especies vivas, para garantizar la continuidad de la especie y de la vida: muchas de las veces emitiendo flores de aspecto sugerente, mostrando seductores colores o labelos llamativos que obliguen a los insectos a aterrizar sobre ellas y así asegurar la polinización. Ese es el caso de las orquídeas del género Ophrys, las llamadas popularmente "flores abeja" ya que imitan a abejas para atraer a insectos del sexo opuesto. Se ha demostrado que la especie Ophrys apifera muestra flores que se abren en el momento de la eclosión de los insectos machos que las fecundan, pero lo hacen antes de la aparición de las hembras. Así, los machos, condenados a no tener hembras, deben contentarse con falsas prácticas copulatorias, puesto que no tienen más compañeras que los labelos de esta planta con forma de flor abeja. Aún así, en el caso de que la fecundación no la lleve buen término algún insecto, los polinios erectos de la planta acabarán por caer en la parte receptora femenina del vegetal, produciéndose la autofecundación. Otro ejemplo de seducción en las orquídeas se produce con el perfume emitido por la flor de la vainilla (Nigritella nigra), que crece en los pastos pirenaicos, y que con su aroma trata de atraer a los insectos y destacar sobre otras coloridas flores de la montaña que podrían resultar más vistosas en apariencia.

    Son sólo dos ejemplos. Por eso Jean-Marie Pelt se refiere a estas plantas como "especies turbadoras y equívocas. La flor de la orquídea simboliza la sensualidad. Orgullosa, se exhibe con descaro y sin pudor. Egoísta, ante todo piensa en sí misma. En el vasto mundo de las flores, la orquídea mimética desempeña una función satánica. Como los diablillos de cara angelical que pueblan las aceras de los lugares de placer, induce al insecto a la tentación, enciende su deseo y, después, la domina con su encanto. De ahí arranca la obstinación del pobre animal en agotarse en su loca carrera de flor en flor, sin encontrar nunca allí la felicidad. Y, sin embargo, la orquídea desaparecía si nadie sucumbiera a sus encantos".

    Por si fuera poco, las orquídeas son plantas prolíficas. En naturalista Darwin ya estimaba en 6.200 el número de semilllas que podía contener una sola cápsula de Orchis mascula. "Como la planta produce cerca de 30 frutos, podría engendrar más de 200.000 descendientes. Lo cierto es que si todas estas semillas germinaran recubrirían el planeta en menos de cinco años, pero no germinan todas, por que la naturaleza, preocupada por mantener el equilibrio, ha inventado un ingenioso sistema de control de nacimientos" cuenta Pelt.



     Pero si hermosas resultan estas flores, no menos sugerentes son algunos de los nombres populares que estas reciben. A lo largo de los tiempos el hombre de nuestros campos y montañas ha denominado a estas plantas orquídeas, en función de su apariencia, sus formas y, también, de sus olores. Por eso oiremos a los botánicos y naturalistas referirse a zapatitos de dama, nidos de ave, vainillas, flores abeja, espejo de Venus,... que no son otra cosa que algunos de los nombres vulgares o castellanos dados estas bellas especies vivas, que han encontrado en Aragón un medio adecuado para vivir y crecer adecuadamente.

    En Aragón podemos encontrar varias especies, más de treinta diferentes como ya se ha dicho. Aparecen espontáneamente con distintas formas, tamaños y colores. Y también muestran diversas preferencias en cuanto al hábitat. Unas ocupan el interior de los bosques oscuros de hayas, otras prefieren los carrascales mediterráneos, otras abundan en los pinares de pino silvestre, las hay también que crecen en terrenos húmedos próximos a cursos de agua,... y existen orquídeas propias de los pastizales subalpinos de la montaña altoaragonesa.

     Entre las especies altoaragonesas, y en los bosques humídicos, podemos mencionar al nido de pájaro (Neottia nidus-avis) que carece de clorofila, y por tanto de color verde en sus tallos y hojas. Puede permitirse el lujo de renunciar a esta sustancia que tienen la mayor parte de las plantas, debido a que se alimenta parasitando de los hongos que viven en el suelo del bosque. Su curioso nombre se debe al aspecto de su rizoma -raiz-.

    El epipacto (Epipactis helleborine) vive en el mismo tipo de hábitat, y muestra bellas flores dispuestas helicoidalmente sobre el tallo. La cefalantera rosa y la blanca (Cephalanthera rubra, C. longifolia), viven en bosques mixtos y planifolios, pudiendo llegar a alcanzar alturas de hasta 60 cm, floreciendo desde mayo hasta julio. La Dactlylorhiza sambucina vive en los arroyos, turberas y suelos muy húmedos, no lejos de la rosada y grande Orchis mascula.

    Entre las diversas clases de flores abeja se puede citar en Aragón a la antes referida Ophrys apifera, en clara alusión a su parecido al insecto, así como al pequeño espejo de Venus (Ophrys speculum) que muestra una superficie brillante en el labelo que semeja una espejo. En el Pirineo Aragonés, en el entorno de los hayedos y bosques caducifolios húmedos, tenemos la suerte de encontrar al raro y hermoso zapatito de dama (Cypripedium calceolus), de grandes flores con una especie de zueco amarillo con cintas de color pardo-rojizo.



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