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ORQUÍDEAS:
SIMBOLO DE LA SENSUALIDAD
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Asociamos,
generalmente, la presencia de flores orquídeas a lugares
tropicales donde florecen las especies más vistosas de estas
exóticas y bellas plantas. Pero nuestros campos, sierras
y montañas también acogen diversas orquídeas,
más pequeñas, pero igualmente hermosas.
Pese
a sorprendente que nos pueda parecer, en la naturaleza de Aragón
se pueden localizar y encontrar más de 30 especies diferentes
de orquídeas silvestres.
En
general, y aunque estas plantas de flores hermosas se asocian mentalmente
a las selvas tropicales, lo cierto es que en nuestra región
estas "hierbas" se hallan sin gran dificultad en el campo,
especialmente durante la primavera tardía y el verano que
es cuando tiene lugar la floración de las mismas. Son más
pequeñas y discretas que las que se venden en floristerías,
pero su carácter silvestre y autóctono les convierte
en especies vegetales por las que han mostrado gran predilección
los botánicos y naturalistas de nuestro país. Hay
quien dice que son un regalo original y bello de nuestra naturaleza
que no debe pasar desapercibido.
Pero
quizás lo más curioso de estas plantas se encuentre
en la ecología y las estrategias únicas de que disponen
estas especies vivas para garantizar su reproducción. Jean-Marie
Pelt, profesor de biología vegetal y farmacognosia de la
Universidad de Metz (Francia), ha estudiado la vida de las plantas
de todo el mundo, y a ellas ha dedicado cientos de artículos
y algunos libros divulgativos. Uno de ellos, "Las plantas,
amores y civilizaciones vegetales", aborda a las orquídeas,
a las que califica de "plantas fabulosas, extraordinarias,
próximas a los hombres". Jean-Marie Pelt las denomina
símbolos del exotismo, al evocar la exuberancia de los bosques
tropicales. Pero lo cierto es que las orquídeas han conquistado
todo el planeta: desde Alaska y Siberia, e incluso Groenlandia,
hasta medios secos y calurosos.

Las orquídeas se muestran ante
todo como plantas especializadas en desarrollar estrategias para
garantizar su reproducción, el fin de muchas especies vivas,
para garantizar la continuidad de la especie y de la vida: muchas
de las veces emitiendo flores de aspecto sugerente, mostrando seductores
colores o labelos llamativos que obliguen a los insectos a aterrizar
sobre ellas y así asegurar la polinización. Ese es
el caso de las orquídeas del género Ophrys, las llamadas
popularmente "flores abeja" ya que imitan a abejas para
atraer a insectos del sexo opuesto. Se ha demostrado que la especie
Ophrys apifera muestra flores que se abren en el momento de la eclosión
de los insectos machos que las fecundan, pero lo hacen antes de
la aparición de las hembras. Así, los machos, condenados
a no tener hembras, deben contentarse con falsas prácticas
copulatorias, puesto que no tienen más compañeras
que los labelos de esta planta con forma de flor abeja. Aún
así, en el caso de que la fecundación no la lleve
buen término algún insecto, los polinios erectos de
la planta acabarán por caer en la parte receptora femenina
del vegetal, produciéndose la autofecundación. Otro
ejemplo de seducción en las orquídeas se produce con
el perfume emitido por la flor de la vainilla (Nigritella nigra),
que crece en los pastos pirenaicos, y que con su aroma trata de
atraer a los insectos y destacar sobre otras coloridas flores de
la montaña que podrían resultar más vistosas
en apariencia.
Son
sólo dos ejemplos. Por eso Jean-Marie Pelt se refiere a estas
plantas como "especies turbadoras y equívocas. La flor
de la orquídea simboliza la sensualidad. Orgullosa, se exhibe
con descaro y sin pudor. Egoísta, ante todo piensa en sí
misma. En el vasto mundo de las flores, la orquídea mimética
desempeña una función satánica. Como los diablillos
de cara angelical que pueblan las aceras de los lugares de placer,
induce al insecto a la tentación, enciende su deseo y, después,
la domina con su encanto. De ahí arranca la obstinación
del pobre animal en agotarse en su loca carrera de flor en flor,
sin encontrar nunca allí la felicidad. Y, sin embargo, la
orquídea desaparecía si nadie sucumbiera a sus encantos".
Por
si fuera poco, las orquídeas son plantas prolíficas.
En naturalista Darwin ya estimaba en 6.200 el número de semilllas
que podía contener una sola cápsula de Orchis mascula.
"Como la planta produce cerca de 30 frutos, podría engendrar
más de 200.000 descendientes. Lo cierto es que si todas estas
semillas germinaran recubrirían el planeta en menos de cinco
años, pero no germinan todas, por que la naturaleza, preocupada
por mantener el equilibrio, ha inventado un ingenioso sistema de
control de nacimientos" cuenta Pelt.

Pero si hermosas resultan estas flores,
no menos sugerentes son algunos de los nombres populares que estas
reciben. A lo largo de los tiempos el hombre de nuestros campos
y montañas ha denominado a estas plantas orquídeas,
en función de su apariencia, sus formas y, también,
de sus olores. Por eso oiremos a los botánicos y naturalistas
referirse a zapatitos de dama, nidos de ave, vainillas, flores abeja,
espejo de Venus,... que no son otra cosa que algunos de los nombres
vulgares o castellanos dados estas bellas especies vivas, que han
encontrado en Aragón un medio adecuado para vivir y crecer
adecuadamente.
En
Aragón podemos encontrar varias especies, más de treinta
diferentes como ya se ha dicho. Aparecen espontáneamente
con distintas formas, tamaños y colores. Y también
muestran diversas preferencias en cuanto al hábitat. Unas
ocupan el interior de los bosques oscuros de hayas, otras prefieren
los carrascales mediterráneos, otras abundan en los pinares
de pino silvestre, las hay también que crecen en terrenos
húmedos próximos a cursos de agua,... y existen orquídeas
propias de los pastizales subalpinos de la montaña altoaragonesa.
Entre
las especies altoaragonesas, y en los bosques humídicos,
podemos mencionar al nido de pájaro (Neottia nidus-avis)
que carece de clorofila, y por tanto de color verde en sus tallos
y hojas. Puede permitirse el lujo de renunciar a esta sustancia
que tienen la mayor parte de las plantas, debido a que se alimenta
parasitando de los hongos que viven en el suelo del bosque. Su curioso
nombre se debe al aspecto de su rizoma -raiz-.
El
epipacto (Epipactis helleborine) vive en el mismo tipo de hábitat,
y muestra bellas flores dispuestas helicoidalmente sobre el tallo.
La cefalantera rosa y la blanca (Cephalanthera rubra, C. longifolia),
viven en bosques mixtos y planifolios, pudiendo llegar a alcanzar
alturas de hasta 60 cm, floreciendo desde mayo hasta julio. La Dactlylorhiza
sambucina vive en los arroyos, turberas y suelos muy húmedos,
no lejos de la rosada y grande Orchis mascula.
Entre
las diversas clases de flores abeja se puede citar en Aragón
a la antes referida Ophrys apifera, en clara alusión a su
parecido al insecto, así como al pequeño espejo de
Venus (Ophrys speculum) que muestra una superficie brillante en
el labelo que semeja una espejo. En el Pirineo Aragonés,
en el entorno de los hayedos y bosques caducifolios húmedos,
tenemos la suerte de encontrar al raro y hermoso zapatito de dama
(Cypripedium calceolus), de grandes flores con una especie de zueco
amarillo con cintas de color pardo-rojizo.
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