LEY NATURAL
La Ley Natural, lo que es, lo que prevalece por los Tiempos, la
Ley Universal, va muy lejana a las contemplaciones existencialistas
de los nuevos progresistas, cuyo honor habilitan para ellos mismos
lejos de la Tradición Universal y Sabiduría Eterna.
El Conocimiento
y Sabiduría Universales, generado por los Principios de
la Creación, por los maravillosos encuentros de los Seres
Celestiales, e iniciada por Su Fundador, está muy cerca
de las Tradiciones y Legados de nuestros antepasados y ancestros,
simples aprendices de las Enseñanzas del Cielo y de la
Naturaleza, y, a la vez, mensajeros de sus aleccionamientos hasta
nuestros días.
¿Qué
principios y derechos tienen los progresistas modernos a rivalizar
y menospreciar las Sagradas Enseñanzas de la Tradición
de los Tiempos? ¿Se creen los únicos de la Creación
en disponer a su antojo el verdadero valor intelectual cuando
el inicio de su camino ha sido muy lejano a los Códigos
Intelectuales y Espirituales de la Manifestación de la
Vida? ¿Creen que a través de sus pequeños
despojos intelectuales, falsa cultura y mediana oscuridad creativa
pueden ser los eruditos en un planeta pródigo en ejercer
y ejecutar la verdadera Inteligencia Superior de la Creación?
El inicio
de su camino es antagónico al nacido de la Voz del Silencio,
de la Luz Cosmológica, del Mundo del Amor, por lo que su
proceso se ha empezado desde el mundo material, desde el espacio
terrenal, distante al consumado en el Fondo Espacial, el que vive
remoto a su interpretativo disfraz intelectual.
El progreso
terrenal es la consecución de la Evolución del Hombre
en todos sus estadios tanto internos como externos, pero siempre
desde la extensa vigilancia de la Mente Primaria, la Mente Sabia
del Mundo Divino. El progreso avanza con la Tradición,
con la Aventura de la Vida, con la Salud de la Mente Inteligente
del Hombre en su constante supervivencia y desarrollo Universal.
El progreso
cultural y científico de este planeta es la perenne permanencia
de un Ciclo Evolutivo del Cosmos, de una Asignatura Elemental
de la Eterna, Inmortal e Infinita Vida Divina.
El progreso
que avanza con la Ley, avanza por los propios senderos de una
Civilización ordenada, incorrupta, íntegra, sabia
y poseedora del aval y garantía de una constante sucesión
de voces ilustradas, educadas, libres y dispuestas a adquirir
el máximo conocimiento para el mayor grado de estabilidad.
La distinción
de un progresista no está en su forma de vestir ni hablar,
y mucho menos de intentar frenar un avance ya organizado desde
el Principio de la Vida.
Las disputas
de los progresistas, distanciados de la Grandeza de la Naturaleza,
del Valor del Hombre Universal, de las profundas vivencias de
nuestros ancestros, van encaminadas a sus leyes autoritarias e
impositivas, intentando destrozar, anular y aniquilar la Esencia
del Verdadero Estado Puro de la Creación.
Su alarde
de modernidad, su apuesta por ser diferentes, haciendo un apostolado
en contra de los Verdaderos Designios Humanos y Celestiales, provoca,
precisamente, su honda precariedad.
Apoyándose
en los cambios, en la necesidad de romper con tradiciones, de
aunar en una investigación científica liberada de
prejuicios y valores rancios y caducos, procuran impulsar investigaciones
que rozan y pasan las consignas del estudio del Libro de la Vida.
La desigualdad
que manifiesta; el desinterés por el valor tradicional
de las Voces Cálidas Universales; la ruptura con los Lazos
Humanos; la propagación de un desierto de amor; la ruptura
de los Ideales y Sueños del Hombre, integrados en el respeto
más consistente, accede a que su revolucionaria conducta
y su orgulloso protagonismo les dirija hacia un inconformismo
social inválido, un intrépido impulso al vacío
y una nueva invención de vida fuera de los Principios de
nuestra existencia.
El progreso
camina con la Tradición, y unidos permiten que la sabiduría
conquistada por el ser humano le permita conducirse en una constante
evolución intelectual, científica y espiritual,
pero enmarcados en la Ley Natural de la Vida. El progreso es adelanto,
superación, prosperidad, mejora, anticipación en
la calidad del ser humano, de sus leyes terrenales, del auxilio
a sus miserias propias y ajenas, de la autosuficiencia terrenal,
con los avisos y advertencias de las consecuencias impropias en
la Ley Natural.
El ser humano
está cualificado para un progreso duradero, perdurable,
por su Inteligencia innata y desarrollada por la perseverante
Consciencia Humana y Espiritual. El verdadero ser humano es consultante,
tenaz, insistente, curioso, intrépido, aplicado, firme
y voluntarioso en su desarrollo personal y universal, ilustrando
su mente, su condición humana intelectual, a favor de la
máxima felicidad de sus semejantes y de él mismo,
asintiendo su complejidad, miseria y carencias indudables de su
esencia.
Todo aquel
que se considere progresista por nombre, forma de interpretar
la vida, forma de vestir, forma de vivir, estando vacío
del Valor Universal, de la auténtica Ley Natural de la
Existencia, está perdido en su más absoluta ignorancia,
en un sendero equivocado, aun digno para él, en una investidura
precaria y pobre, llegando a ser arrogante y déspota con
aquellos que mantienen su estrecha vigilancia en el juicioso y
honorable Camino de la Evolución Terrenal dentro de la
Ley Natural de la Vida.