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Si uno quiere buscar la verdadera esencia, el
alma milenaria de Egipto en la vida de hoy, no es en las pirámides,
ni en el museo egipcio donde hay que buscar. Mi recomendación
seria: buscad algún "moulid" en la ciudad donde
estéis.
El
"moulid" es la celebración de una persona 'santa'
y en Egipto se celebran alrededor de 3000 cada ano. La temporada
(si así se puede llamar) de los "moulid", comienza
con el Moulid del Nabi, o cumpleaños del Profeta Mahoma.
Es el único que se celebra en todo Egipto. A partir de ahí,
en casi cada pueblo egipcio y alrededor normalmente de la tumba
del 'santo' correspondiente, miles de personas (en algunos casos
cientos de miles) se congregan durante días en una fiesta
que tiene parte peregrinación religiosa, parte de carnaval
y parte de ceremonia mística.
Pero
encontrar los moulid no es tarea fácil. Aunque el moulid
es normalmente una celebración multitudinaria, Egipto los
esconde, y al hacerlo esconde su alma y uno diría que se
avergüenza de ella. Mal vistos por la ortodoxia del islam que
los ve como una desviación de la verdadera relación
con Dios, en la que no caben intermediarios ni santos; ignorados
también por toda una capa de la sociedad que se avergüenza
de todos esos peregrinos pobres venidos del campo, los moulid son
solamente tolerados por un gobierno al que no gusta ningún
evento que reúna multitudes pero que al mismo tiempo trata
de capitalizar una corriente sufí del islam, mas tolerante
y menos política.
Asistir
a uno de los grandes "moulid" es una experiencia impresionante
que llena totalmente los sentidos. Poco después de mi llegada
a Egipto hace dos años, tuve ocasión de asistir al
Moulid de Sayeda Nafisa en la ciudad de los muertos en el Cairo.
Aquel evento un viaje en el tiempo que me llevaba a la epoca de
la construcción de las catedrales en la Edad Media. Mi fascinación
fue enorme. Es difícil describir la marabunta de impresiones
que recibí aquella noche y que luego he repetido tantas veces:
la enorme multitud de gente venida de todo el país y acampando,
comiendo y bailando entre las tumbas; las casetas de feria y los
teatros ambulantes; los columpios centenarios de colores; los puestos
de garbanzos secos y los dulces de sésamo y miel; la música
envolvente y las invocaciones repetitivas del nombre de Ala mientras
la gente entraba en una danza hipnótica ("zickr")
que podía durar horas
El
caso es que el gusanillo de los moulid me pico fuerte en Sayyeda
Nafisa y desde entonces he dedicado parte de mi tiempo libre a tratar
de documentar fotográficamente algunas de estas fantásticas
celebraciones por todo Egipto.
Aquí
os dejo algunas de esas fotos. Espero que os gusten.
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