| Texto
y fotos: Don Quiterio |
Las
undécimas Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo, que organiza
anualmente la Asociación Cultural La Lonjeta, versaron
esta muestra sobre el tema de la crisis. Tres días de
fantasía, historias y amores sin voz pero con música
en directo. Uncastillo, una vez más, se vistió
de blanco y negro para cobijar la magia del cine mudo.
Llevamos
dos años inmersos en una crisis internacional provocada
por profesionales del sector financiero, los que mueven el dinero,
los amos de la casa. La crisis del ladrillo y el oportunismo
sin escrúpulos han disparado aún más la
tasa nacional de paro. El emigrante, tan bienvenido ayer cuando
llegaba en busca de tierra y pan, empieza a estar mal mirado.
En un país hipotecado, el embargo de viviendas deja a
muchos en la calle en situaciones más tristes que el
cuento de la cerillera. Vivimos en tiempos modernos, sí,
de tecnología digital y redes sociales pero amenazados
por los mismos miedos: nadie sabe si el último en caer
nos dará mañana la mano.
Pero
esta crisis que hoy nos satura las meninges va mucho más
allá de lo estrictamente económico. Es una crisis
sobre un abanico más amplio y cotidiano de situaciones
críticas. La especulación criminal y la explotación
laboral conviven con la destrucción del medio ambiente,
el maltrato al emigrante, a la mujer, al anciano relegado como
trasto amortizado e inútil. Realidades del entorno social,
laboral y familiar tratadas en la pantalla con vigor narrativo,
lenguaje innovador, intenso realismo, ternura y, también,
mucho humor.
Así,
pudimos ver -o, mejor, volver a ver- "Charlot emigrante"
(1917), una obra con tintes autobiográficos donde Chaplin
despliega su ironía para hacer trizas la imagen de la
América de las oportunidades; "La huelga" (1925),
importante filme de Eisenstein sobre los obreros de una empresa
de la Rusia zarista; "El dinero" (1928), magnífica
película de Marcel L´Herbier que adapta la novela
homónima de Emile Zola; "El amo de la casa"
(1925), una singular mirada a cargo del gran Carl Theodor Dreyer
sobre la caída de un tirano; "La cerillera"
(1927), significativo filme de Jean Renoir basado en el cuento
de Hans Christian Andersen; "El último" (1924),
una de las obras maestras de Murnau desde los postulados expresionistas
hacia el realismo; y "Tiempos modernos" (1936), una
sátira del genial Chaplin contra la sociedad industrial
y su mecanización.
Asimismo,
en la sesión inaugural, se rindió un sentido homenaje
al fotógrafo y cineasta Alberto Sánchez Millán,
que falleció el pasado mes de octubre a los 66 años
de edad, con la proyección de tres de sus trabajos cinematográficos
("La persecución", "Hombre-mujer"
y "Pablo Serrano"), la inauguración de una
exposición que reúne sus fotografías realizadas
junto a su hermano Julio y la presentación del Libro
"Breviario", que incluye emocionados textos de Pedro
Avellaned, José Antonio Duce, Antón Castro, Carlos
Calvo, Eduardo Laborda, Santiago Chóliz, Eloy Fernández
Clemente, Emilio Lacambra, Emilio Gastón o Cristina Sánchez
Marco. También se abrió al público una
muestra de fotos estereoscópicas de Leonardo Buñuel,
padre de Luis Buñuel.
A
lo largo de estos tres días se sucedieron quince horas
de proyecciones acompañadas de música en directo
y algunas bandas sonoras. Se estrenaron cortos de reciente producción
(España, Holanda, Alemania, Rumanía, México),
entre los que sobresale "El código Kubrick"
(2010), rodado en Uncastillo y Zaragoza, una realización
de Tasio Peña entre la parodia, el homenaje y el guiño,
no sólo a "2001, una odisea del espacio" y
el universo de Kubrick en general, sino también a Los
Beatles, a la serie "Perdidos", a las películas
de serie B ("Los invasores de Marte"), a Buñuel,
al "Amén" de Costa-Gavras, al fanatismo religioso
Un ejemplo de cine realizado con pocos medios pero con mucho
talento.
Como
broche, el galardón anual "Bocina de piedra"
lo recibieron la Semana de la Imagen y el Cine de Fuentes de
Ebro (SCIFE), el Festival de Cine de Zaragoza y la Promotora
de Acción Infantil (PAI).
Tres
días, en fin, de fantasía, historias y amores
sin voz pero con música en directo. Uncastillo, un año
más, se vistió de blanco y negro para cobijar
la magia del cine mudo. Crisis, ¿qué crisis?