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WITOLD
GOMBROWICZ Y LOUIS ARAGON

Los primeros escritos que me procuraron
alguna satisfacción fueron: El bailarín del
abogado Kraykowski, El diario de Stefan Carniecki,
La virginidad y Crimen premeditado. Escribí
estos cuentos a los veinticuatro y veinticinco años, pero
ya me venía ejercitando en la escritura desde los dieciséis
años. Una cruel disparidad de nivel caracteriza estos comienzos
(...)
Esos
primeros escritos eran ingenuos y torpes, cuando yo mismo ya no
era tan ingenuo ni tan torpe, la pluma me traicionaba y eso me hacía
sufrir. Transcurridos algunos años escribí El
bailarín del abogado Kraykowski, un cuento que parecía
bueno, eso ya era literatura, a partir de entonces empecé
a practicar la escritura en serio. ¿Por qué adopté
desde el principio un tono tan fantástico, tan excéntrico,
tan extravagante? (...)
¿Por
qué corté de inmediato con la realidad normal, para
entregarme a la manía, a la locura, al absurdo? Es cierto
que me había formado en ello en el curso de mis discusiones
con mi madre, pero ésta no podía ser la única
razón, y sin duda la forma aristocrática de los cuentos,
aferrada a su propio esplendor, iba unida a mis miserias personales,
vergonzosas, miserias crueles y angustiosas (...)
Yo
buscaba el estilo del pensamiento fundamental, el estilo de una
sensibilidad para llegar al fondo de las cosas, así como
la independencia, la libertad, la sinceridad, acaso también
la maestría... Devoraba el estilo, el modo de expresarse,
el tono, la manera de ser de esas personas importantes, con la avidez
de un hambriento. A fin de poder seguir viviendo del dinero paterno
(era incapaz de trabajar para ganarme la vida) , realicé
un período de prácticas sin sueldo en los tribunales
de Varsovia (...)
Fue
entonces que escribí esos primeros cuatro cuentos a los que
completé con otros cuatro: El festín de la condesa
Kotlubaj, Aventuras, En la escalera de servicio
y Acerca de lo que ocurrió a bordo de la goleta Banbury.
Estas ocho novelas cortas aparecieron en el año 1933 con
el título de Memorias del tiempo de la inmadurez,
una obrita que aspiraba a ser brillante, un artificio reverberante
de fantasía, de invención, de humor, de ironía
(...)
Después
escribí los dos Filifor, La rata
y El banquete, más logrados desde el punto de
vista técnico, pero que no diferían esencialmente
de los cuentos anteriores. Por entonces me daba mucha vergüenza
escribir, me escondía, ocultaba mis papeles cuando alguien
entraba a mi habitación, y todavía hoy la desfachatez
de los escritores noveles con su yo soy poeta, me fastidia tanto
como el ostentoso despliegue de sus colas de pavo real al que se
entregan los poetas consagrados y glorificados, del tipo de Aragon
con su Elsa
Para
comprender un poco la vergüenza que le producía a Gombrowicz
el ostentoso despliegue de Aragon con su esposa Elsa vamos a echarle
una mirada a este poeta. Louis Breton fue uno de los fundadores
del surrealismo junto a André Breton. Militó en el
partido comunista francés aunque sin perder su espíritu
crítico. Una buena parte de su poesía está
inspirada en el amor a su esposa, Elsa Triolet.
En
el poema Cántico a Elsa, Aragon la describe durmiendo
como si en ese silencio le comunicara misterios, que logran compensar
el aislamiento en que viven y a la vez avivar la pasión de
esta pareja. Aragon estuvo muy enamorado de Triolet, en este poema
han pasado trece años de conocerse y ambos se sienten satisfechos
de la relación. Se aprecia el cariño sincero del poeta
surrealista por su mujer, como un valor escaso en una sociedad individualista.
El
poeta da relevancia a la compañía de Elsa, como un
desencadenante de la maravilla que han compartido. El amor se vuelve
una visión del espíritu de la pareja, pues viven en
idilio, en compenetración, se bastan a ellos así estén
en soledad. La relación se valora por si misma en este poema,
el Eros se hace presente en materia y espíritu, cuando están
abrazados y cuando él la contempla durmiendo, en el descanso
de su Eros.
Aragon quiso mucho a Triolet, quien ya era divorciada y venía
de haber convivido con distintos hombres. Sin embargo a pesar de
su mayor experiencia erótica, el poeta trata a su amada como
una niña, en todo caso esto es un reconocimiento de Aragon
a Elsa, quien deja de vivir como mujer liberada para quedarse a
su lado definitivamente. El sueño de Elsa se une a su amor
durante su vigilia como un regalo para Aragon, y como una invitación
al misterio del amor, que aprende y verbaliza en su poesía.
En
este poema Aragon establece que con su mujer se bastan solos en
el mundo, pues su relación ha madurado manteniendo el interés
de su inicio. Ellos se han aislado por su posición política,
también para que Elsa comience su carrera de escritora. La
relación de pareja, incluso el matrimonio, son celebrados
al máximo, ambos no desean más nada del mundo, se
tienen a sí mismos porque gozan de un amor eterno, inagotable
en sí mismo, que se sostiene solo.
A
trece años de su relación con Elsa Triolet, Louis
Aragon decide rendirle un sincero homenaje en su poesía,
resaltando la larga duración del amor frente a los problemas
cotidianos, y el sentirse plenos y completos a pesar de estar en
soledad respecto al resto del mundo. El poema muestra que esta pareja
se ha comprendido a la perfección en base a la afinidad de
caracteres, ambos escritores han tenido que compartir su mundo interior,
sus motivaciones estéticas y el arte como modo de vida.
La
mezcla de moral, de amor y de comunismo que le viene a Gombrowicz
del lado de Aragon le resulta insufrible. Gombrowicz piensa que
a la literatura le resulta indispensable una moral, que sin moral
no existiría la literatura, que la moral es el sex appeal
de la literatura puesto que la inmoralidad es repulsiva y el arte
debe ser atrayente. La moralidad en sus obras se manifiesta con
mucha intensidad, es más fuerte que Gombrowicz.
Él
no busca la moralidad, pero ella lo busca a él y lo gobierna.
La posguerra trajo una ola moralizadora en la literatura a caballo
de los comunistas, los existencialistas y los católicos,
pero en esta literatura resulta casi imposible separar la moral
de las comodidades. Desgraciadamente, el lujo parece acompañar
a esta moralidad también en un sentido concreto.
Gracias
a este tipo de moralidad Sartre, Camus, Mauriac, Aragon, Neruda
tuvieron una gran influencia en las jóvenes generaciones,
fueron premiados con el Nobel y con la Academia, y consiguieron
de un sistema capitalista inmoral riquezas, honores y amor. Con
la moral el artista seduce a los demás y embellece a sus
obras, es su sex appel, en consecuencia debería tratarla
con la mayor delicadeza.
El
arte explícitamente moralizador era para Gombrowicz un fenómeno
falso e irritante. Que el escritor sea moral, pero que hable de
otra cosa, que la moral nazca de sí misma al margen de la
obra. Gombrowicz se propuso debilitar en sus escritos todas las
construcciones de la moral premeditada con el fin de que nuestro
reflejo moral espontáneo pudiera manifestarse libremente.
Gombrowicz
escribió doce novelas cortas que las conocemos con dos títulos
diferentes: Memorias de los tiempos de la inmadurez
y Bacacay, nombre este último de una calle del
barrio de Flores en la que vivió durante unos meses en el
año 1940. A veces llama a estas narraciones novelas cortas,
otras las llama cuentos, novela o cuento El bailarín
del abogado Kraykowski es su primera historia conocida y publicada
por Gombrowicz.
Adoptó desde el principio un tono fantástico, el absurdo
de Gombrowicz tiene, sin embargo, la lógica ceremoniosa de
los rituales y de las celebraciones. El snobismo jugó un
papel importante en la formación de su estilo, aunque tenía
perfecta conciencia de la vanidad y de la estupidez de esa actitud.
Como esos líquidos que están en el mismo recipiente
pero que no se mezclan, convivían en Gombrowicz su clase
social y una conciencia penetrante y agnóstica.
En
el mismo recipiente se arremolinaban también las aguas turbias
de sus anormalidades psíquicas y eróticas. Ninguna
de esas realidades tenía predominio sobre las otras, Gombrowicz
se encontraba entre ellas y tenía que fingir para no ser
descubierto. El estilo de estas novelas cortas es brillante, humorístico
e irónico pero los componentes de las narraciones son, la
más de las veces, morbosos y repulsivos.
Esos
componentes repugnantes, no obstante, pierden mucho de su carácter
repulsivo porque los utiliza como elementos de la forma, tienen
un papel funcional y obedecen a un objetivo superior: la creación
artística. El plasma sombrío que existía dentro
de Gombrowicz está metido en estos cuentos, pero no desparramado
como una marea hedionda, sino chispeante de humor y ennoblecido
de poesía para alcanzar por el absurdo la inocencia.
Gombrowicz
intenta cancelar su deuda moral, quiere que la obra lo absuelva.
Dentro de él existían elementos abominables, pero
si él podía utilizarlos como componentes de la forma,
entonces, a través de este procedimiento, se convertía
en su dueño y señor. El ser confuso, indolente e inseguro
que era quería ser de otra manera en el papel, un ser brillante,
original, triunfador y purificado.
No
estaba en condiciones, pues, de hacer otra cosa más que la
parodia de la realidad y del arte. La sensación de irrealidad
lo ponía entre las cosas y no dentro de ellas, pero Gombrowicz
buscaba la realidad y sabía que se la podía encontrar
tanto en lo que es normal y sano como en la enfermedad y en la demencia.
Los sondeos que estaba haciendo alrededor de la anormalidad y de
la locura no llegaron a tocar fondo, por consiguiente sólo
estaba en condiciones de escribir parodias.
Si
esas novelas hubieran sido sinceras Gombrowicz hubiera estado engañando
a los lectores por la sencilla razón de que él no
era sincero. La parodia a la que se vio obligado le permitió
liberar a la forma desvinculándola de su pesantez y convirtiéndola
en reveladora. Con este aparato formal paródico fue penetrando
en un mundo que con posterioridad sacó a la superficie en
sus novelas y en sus piezas de teatro.
Hay
en estas novelas cortas situaciones y visiones que no le van en
zaga a lo que escribió después. Las reflexiones que
estamos haciendo sobre sus comienzos artísticos tienen como
inspiración los propios recuerdos de Gombrowicz. Pero el
pasado no se recuerda tranquilamente, se recuerda con pasión.
La memoria sólo recupera del pasado aquello que puede serle
útil al presente para alimentar con lo que fuimos ayer lo
que somos hoy.
Las
primeras tentativas literarias de Gombrowicz manifestaban, y él
se daba cuenta de eso, una fuerte oposición rebelde y universal.
Lo devoraba una rabia sorda contra todo lo que le facilitaba la
existencia: el dinero, el origen, los estudios, las relaciones,
todo aquello que, en fin, hacía de él un sibarita
y un holgazán. Pero la locura era un asunto que preocupaba
realmente a Gombrowicz.
La
sangre enfermiza de los Kotkowski que había heredado de su
madre pesaba sobre él como una amenaza de posibles perturbaciones
psíquicas. Ese temor fue más intenso en los años
en que su imaginación estaba desbocada y oscilaba entre la
neurosis y la psicosis. La neurosis estaba radicada en la zona consciente
de sus complejos a los que transformaba en un valor cultural escribiendo.
La
esfera de la psicosis le ocultaba, en cambio, sus trastornos psíquicos
y el control era menor. Debemos clasificar a La virginidad
como perteneciendo a esta segunda clase de sus creaciones. Algunos
detalles insignificantes y aparentemente incoherentes introducen
a una pareja inocente en las más oscura entraña de
la sexualidad. Es un relato donde el erotismo más refinado
se entrevera y confunde con la obscenidad total.
La melopea de Aragon con su Elsa lo estimula a Gombrowicz a explorar
las antípodas. Las descripciones que hacen los jóvenes
de algunas partes del cuerpo son artificiosas: la boca es una cereza,
los senos son botones de rosa. Alicia era hija de un mayor retirado
y estaba educada por una madre que la adoraba. Como las demás
jóvenes de vez en cuando se acariciaba el codo y enterraba
los pies en la arena.
La
vida de una muchacha en flor es distinta a la de un abogado o una
madre. Debe ser difícil proteger a una joven cuya razón
de existir es seducir a los demás. Pero Alicia estaba protegida
por el canario Fifí, por el perrito Bibí y por la
madre. Una tarde paseaba por los senderos del jardín y un
vagabundo, acostado sobre el muro que lo rodeaba, le arrojó
un ladrillo que le dio en la espalda.
La
muchacha trastabilló y estuvo a punto de caer, sin embargo,
sonrió con unos labios que le temblaban de dolor. Mientras
el vagabundo bajaba del muro y desaparecía Alicia se repetía
a sí misma que había sonreído. Cuando llegó
a la casa entró en un estado de ensoñación
y medio distraída le preguntó a la madre mientras
tomaban el té por qué los hombres usaban pantalones,
tenían cabello corto y se afeitaban.
La
joven escondió en la manga la cucharita de plata con la que
había tomado el té, salió al jardín,
se dijo a sí misma que la había robado y la enterró
al pie de un árbol. Volviendo a casa pensaba que si el vagabundo
no le hubiera arrojado el ladrillo ella no hubiera robado la cucharita;
el padre le dijo que el día siguiente su prometido regresaba
de China, el compromiso había tenido lugar cuatro años
atrás cuando Alicia cumplió los diecisiete años.
El
día en que el novio le pidió la mano le respondió
que sí, que deseaba ser su prometida pero no quería
desprenderse de un miembro de su cuerpo. Pablo era un muchacho encantador
que estaba enamoradísimo de su inocencia. La mayor virtud,
según pensaba él, residía en la virginidad,
este valor condicionaba su espíritu y en torno a él
se situaban sus instintos superiores.
Vemos,
pues, que la virginidad asciende del ser más bajo en la escala
biológica y llega al hombre, y del hombre salta a los ángeles
y de los ángeles a Dios, para perderse en el infinito. Dios
mismo es un gran solitario en el universo, es la eterna juventud
del Cosmos. De una pequeña particularidad puramente
corporal nace el inmenso mar del idealismo y de los milagros, en
evidente contraste con nuestra triste realidad.
Pablo
amaba a Alicia por su virginidad inocente y estaba convencido de
que quien desee adorar dignamente a una virgen él mismo debía
ser virgen e ignorante, de otra manera el idilio sería una
trampa. Han transcurrido cuatro años y nuevamente pasea con
su prometida por los senderos del jardín. Pablo la recrimina
porque ha cambiado mucho pero ella, distraídamente, le dice
que lo ama como siempre.
El
joven insiste, protesta otra vez porque en otra época no
hubiera usado la frase impúdica de que lo amaba, que ahora
la veía inquieta y excitada. Alicia, con toda la calma, le
pide que le explique lo que era el amor y lo que era ella, pero
con seriedad y si reírse. Pablo le cuenta cómo los
hombres habían perdido el Paraíso al probar del fruto
del árbol del conocimiento tentados por Satanás.
Le
suplicaron al Todopoderoso que les concediera un poco del candor
y la inocencia perdidos, entonces Dios creó la virgen, el
recipiente de la inocencia, la selló y la envió a
vivir entre los hombres que sintieron de inmediato una nostálgica
languidez.. Cuando Alicia le pregunta por las casadas le responde
que son una patraña, una botella abierta y evaporada.
Alicia
no entiende por qué, siendo ella virgen, el vagabundo le
había arrojado un ladrillo, y por qué, luego, ella
había sonreído a pesar de que le había dolido
mucho. De regreso a casa Pablo pensaba que la virginidad y el misterio
son la misma cosa y que había que cuidarse de no desgarrar
el sagrado velo. Al día siguiente la joven le dice que se
extasiaba contemplando su codo, que tenía unos deseos realmente
locos.
Entonces
Pablo le responde que adora su candor irracional. Alicia le pregunta
si había robado alguna vez, y le contesta que no, que ella
no podría amar a un hombre sin dignidad. La joven está
confundida y le sigue preguntando si engaño, mordió
o golpeó a alguien alguna vez, si caminó desnudo o
comió inmundicias. Pablo le pregunta si se había vuelto
loca y le ruega que reflexione.
Para
entonces la joven había empezado a temer que las vírgenes
eran educadas en la inocencia para que después todo les resultara
más perturbador. Regresaron a casa y ya en la cocina Alicia
señala un hueso que, seguramente, había abandonado
Bibí. En el momento que Pablo le dice que hay muchos olores
de cocina y que es mejor irse de allí, ella le observa que
Bibí no ha terminado de roerlo.
Ambos
pronuncian unas palabras cariñosas, y entonces la joven le
manifiesta que le gustaría mucho que royesen el hueso juntos,
al mismo tiempo que lo abraza y le pide que no la mire de ese modo.
Le implora que lo haga porque, de lo contrario, morirá joven.
Pablo se había inmovilizado por el terror, qué importancia
podía tener un hueso para ella, si por lo menos fuera un
hueso limpio, un hueso de caldo, pero Alicia gritó con impaciencia
que quería roerlo a escondidas de la cocinera.
Entonces
se produce un altercado, él le reprocha que le está
pidiendo inmundicias y ella le replica que las inmundicias le producen
apetito, e insiste en que lo roan y lo coman juntos sin que nadie
los vea. Pablo le pregunta si era posible que el ladrillazo le hubiera
despertado el deseo malsano de roer un hueso, que ése no
puede ser el instinto de una virgen, que no son más que patrañas
insensatas.
Alicia
le dice que todos lo hacen salvo ellos, que eso es el amor. Pablo,
abrumado por tanta locura, empieza a pelearse por el hueso. En ese
momento se oyen detrás del muro un golpe y un lamento. Se
asoman encima de los rosales y ven una joven descalza lamiéndose
una rodilla. Cuando se estaban preguntando qué cosa habría
ocurrido, una piedra silba en el aire y golpea la espalda de la
muchacha, a lo lejos alguien vocifera que es una ladrona.
¿Lo
has visto?; ¿Qué sucedió?; Apedrean
a la muchachas, las apedrean para divertirse, sólo por placer;
¡No, no,
no es posible!; Tú mismo
lo has visto::: Ven, que el hueso nos espera, volvamos a nuestro
hueso, lo roeremos juntos
¡Quieres?... ¡Juntos!
¡Yo contigo, tú conmigo! Mira, lo tengo ya en la boca.
¡Ahora te toca a ti! ¡Tómalo!
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