WITOLD GOMBROWICZ Y ENRIQUE VILA-MATAS

El Orate Blaguer es un hombre de letras
muy connotado que fue adquiriendo un cierto desparpajo a medida
que pasaba el tiempo, si bien no pudo sacarse de encima un tono
de llorón crónico que lo acompaña a todas
partes, una manía incurable de hacerse el loco y una verborrea
incoercible.
"Pasé toda una larga época obsesionado con
saber qué había sucedido realmente en la famosa
cena de Borges y Gombrowicz. Un día, el azar quiso que
José Bianco aterrizara en Barcelona, le llevaron a la tertulia
literaria que yo tenía en el bar Astoria. Me pasé
toda la noche planeando el momento en que le preguntaría
a Bianco qué había ocurrido en la famosa cena. Cuando
por fin me atreví a preguntar, Bianco me dijo: Usted
quiere saber qué pasó aquel día, pero yo
quiero saber qué ha pasado hoy, pues a mí me habían
dicho que esto era una tertulia literaria y lo que yo he visto
hasta ahora es una reunión de cocainómanos, no han
parado ustedes de ir todo el rato al lavabo. Ya no me atreví
a decirle nada más a Bianco en toda la noche"
Mis
historias con los escritores y los editores en la mayoría
de los casos no tienen un final feliz. Las últimas cartas
que recibí del Orate Blaguer eran tan breves como amargas.
Este destino triste que me persigue desde hace mucho tiempo tiene
algo que ver con los contenidos de los gombrowiczidas que en algunas
ocasiones no llegan a ser bien interpretados.
Los nombres de muchos gombrowiczidas han sido
coronados con apodos a lo largo del tiempo. A mí me parece
que el origen y la naturaleza de los motes debe quedar un poco
en el misterio, sin demasiadas aclaraciones por parte del autor
que, como todos los gombrowiczidas saben, vengo a ser yo. Debo
aclarar sin embargo que algunos de esos motes carecen de ese misterio,
verbi gracia el del Orate Blaguer, pues describe cumplidamente
la naturaleza de este hombre de letras. El primer apodo que puse
fue el de Pterodáctilo, en una época en la que todavía
no existían los gombrowiczidas.
El
origen del mote siempre tiene un contenido negativo, se refiere
a historias verdaderas que me unieron a los motejados en distintos
momentos de esas cápsulas de Gombrowicz que son los gombrowiczidas,
pero con el paso del tiempo pierden el sabor acre que traen por
el nacimiento y llegan a tener, por lo menos para mí, un
carácter familiar y afectuoso.
Debo
reconocer sin embargo que así como Gombrowicz provocaba
a los profesores en la pensión de las "manoseadas"
de Zakopane con sus burlas, a mí se me ocurre aveces provocar
a los hombres de letras y a los Protoseres.
Los
españoles, como sabemos, han elegido al Orate Blaguer entre
sus hombres de letras más conspicuos para reflexionar sobre
Gombrowicz.
Siendo
Gombrowicz un escritor cuya obra no admite una interpretación
única se puede entrar a su mundo por muchas puertas distintas,
más diría, se puede entrar también por las
ventanas.
La
puerta que eligió este escritor ilustre fue la precaución
pues desde muy joven se puso bajo el paraguas de la idea gombrowiczida
de que el arte consiste en escribir sobre algo imprevisto y no
sobre lo que se tiene que decir. Es evidente que el Orate Blaguer
escribe sobre Gombrowicz sin tener nada que decir pero, a pesar
de esto, no alcanza el imprevisto del que habla Gombrowicz.
Su
fascinación por Gombrowicz comienza cuando ve una foto
de Tandil en la que está posando con gorra en actitud altiva
y arrogante. Se le despiertan entonces las ganas de ser como él,
de ser un escritor extranjero, raro y con un rostro tan orgulloso
como el suyo.
Repite
hasta el cansancio su inveterada tontería de que durante
mucho tiempo se imaginó que su escritura se parecía
mucho a la de Gombrowicz, pero que después de haberlo leído
se dio cuenta de que eso no era para nada cierto.
De
idiotez en idiotez, con esa arrogancia irresponsable que tiene
el Orate Blaguer, nos informa sobre cuáles son las dos
obras maestras de Gombrowicz: los diarios y la inscripción
que dejó en el baño de un café de la calle
Callao: A señoras y señores/ para nuestro
beneficio/ no lo hagan en la tabla/ háganlo en el orificio.
Y
sobre el pasaje del diario en el que Gombrowicz habla de su encuentro
con una vaca se pronuncia en forma apodíctica: "Estamos
tal vez ante un texto fundamental de Gombrowicz"
El
Orate Blaguer es un llorón crónico, un llorón
que intenta llorar desde el más allá. A este tipo
de llorones profesionales Gombrowicz les da una buena paliza.
"Pero
estoy harto de los gimoteos actuales. Hay que renovar nuestros
problemas (...) La muerte, por ejemplo. Para cambiar un poco de
óptica, nos basta con pensar: No, no es ningún drama,
estamos adaptados a la muerte desde que nacemos; y aunque nos
vaya devorando poco a poco cada día, nunca nos enfrentamos
con ella a cara (...)" "¿Enajenación?
No, no es tan terrible (...) esas enajenaciones le reportan al
obrero a lo largo del año, casi tantos días libres
y maravillosos días de fiesta como días de trabajo.
¿El vacío? ¿El absurdo de la existencia?
¿La nada? (...) No se necesita un Dios o unos ideales para
descubrir el valor supremo. Basta con permanecer tres días
sin comer para que un mendrugo de pan adquiera ese valor; nuestras
necesidades son la base de nuestros valores, del sentido y del
orden de nuestra vida (...)" "Hace
algunos siglos, la gente moría antes de los treinta años.
La epidemias, la miseria, el diablo, las brujas, el infierno,
el purgatorio, las torturas... ¿Acaso los triunfos se nos
han subido demasiado a la cabeza? ¿Acaso hemos olvidado
lo que éramos ayer? (...)" "No es que me rebele
contra una visión trágica de la existencia, no soy
de los que pintan el mundo de color de rosa. Pero no se puede
estar siempre repitiendo lo mismo (...)" "El rasgo más
trágico de las grandes tragedias es que suscitan pequeñas
tragedias; en nuestro caso, el aburrimiento, la monotonía,
y una especie de explotación superficial y monótona
de las profundidades" Finalmente el Orate Blaguer se cansó
de los gombrowiczidas, más especialmente del autor de los
gombrowiczidas, y desde Nueva York se refiere a mí aunque
sin nombrarme de una manera insolente.
"Se
ha dicho que le he dado mantenimiento a los clásicos de
Borges (a Melville y su Bartleby), pero también es cierto
que he acompañado los éxitos de librería
de Robert Walser (a quien saqué modestamente del invernadero
de las solapas y lo convertí, gracias a Doctor Pasavento,
en un santo laico), de Georges Perec (uno de los autores que he
decidido doblar, duplicar), de Fernando Pessoa (propongo que se
multipliquen, como los peces, los heterónimos) y de Witold
Gombrowicz, el noble polaco al que algún imbécil
debería dejar de manosear" Los rostros tiene un gran
significado, suelen también ser equivalentes cuando expresan
los mismos contenidos. La réplica nacional de rostro español
del Orate Blaguer es el rostro argentino del Hombre Unidimensional,
como muy bien puede observarse en las fotos que forman parte de
este gombrowiczidas.
El
tono del comienzo de mi relación con el Orate Blaguer fue
promisorio y afectuoso, de ningún modo era previsible la
caída estrepitosa que se produjo después. "Quiero
decirte que mi editor es Jorge Herralde (Anagrama) quien, a la
vuelta de un viaje argentino, me regaló el libro de Emecé,
con las cartas a Goma de Gombrowicz. Así como Beatriz de
Moura, que fue mi primera editora, le importa muy poco Gombrowicz,
Herralde siempre ha tenido una gran debilidad por él (como
tú ya sabes, publicó Testamento). Yo
te recomendaría que hablaras o, mejor dicho, le escribieras
a Herralde (...) Escríbele a Herralde, por favor. Sería
maravilloso que tus escritos se publiquen en Anagrama. Herralde
es muy receptivo a esas cuestiones. Además, ha sido un
editor que ha leído con profundidad a Gombrowicz al que
quiso traducir desde el inicio de su editorial. No pudo entonces
conseguir los derechos. La viuda miraba a Anagrama como a una
minucia, algo que no valía la pena. El único libro
que pudo publicar fue Transatlántico aunque
ya había sido editado antes"
El
Pato Criollo y el Orate Blaguer son dos gombrowiczidas ilustres
que tuvieron conmigo una muy buena predisposición desde
el mismo comienzo de nuestra relación, luego las cosas
fueron cambiando poco a poco hasta convertirse en una relación
amarga.
Hace
ya algunos años, por razones completamente desconocidas
para mí, me vinieron unas ganas incontenibles de mortificarlos
a los dos al mismo tiempo y tuve la ocurrencia de mandarle una
carta al Pato Criollo en la que le decía que el Orate Blaguer
tenía las facultades mentales completamente alteradas,
y al Orate Blaguer otra en la que le decía que el Pato
Criollo era un bartolero insustancial. Puse en el sobre del Orate
Blaguer la carta del Pato Criollo y viceversa, en el sobre del
Pato Criollo la carta del Orate Blaguer, y acto seguido los mandé
por correo. El Orate Blaguer se enojó y no me escribió
más.
La reacción del Pato Criollo en
cambio fue benévola, me pareció entonces que el
Orate Blaguer era un ser limitado y el Pato Criollo una persona
de un panorama más amplio.