Juan
Carlos Gómez
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PASEAR POR EL UNIVERSO
Así como en la presentación
polaca de "Gombrowicz, este hombre me causa problemas"
enuncié el canon del treinta por ciento, canon con el que
me manejo para leer, ha llegado el momento que enuncie los tres
principios con los que me manejo para escribir, principios que tienen
la particularidad de que no se pueden usar al mismo tiempo, o uno
u otro, porque son excluyentes.
1º Nadie lee nada de nada; 2º
algunos leen pero no entienden nada; 3º algunos entienden pero
se olvidan enseguida
Una
noche charlábamos en el Rex de un problema que tenía
cierta importancia, pero de repente yo tomé la palabra y
empecé a hablar apasionadamente de una cuestión que
carecía por completo de interés: Gómez,
no veo por qué usted habla con tanto entusiasmo de un asunto
insignificante; Vea, Gombrowicz, si hablara sin entusiasmo
nadie me escucharía.Gombrowicz no era muy entusiasta que
digamos pero se obsesionaba frecuentemente con temas laterales."Yo
miro esta mesa y me fijo en el cenicero. Si me fijo sólo
una vez no pasa nada. Pero si vuelvo al cenicero y lo miro otra
vez, entonces me voy a preguntar por qué el cenicero se ha
convertido en un objeto más interesante que los demás.
Y si vuelvo a mirarlo una tercera y una cuarta vez, el cenicero
se convierte en un objeto decisivo. Por la repetición de
un acto de conciencia se llega a dar una importancia terrible a
una cosa que no tiene aspecto de ser tan importante. Esta emboscada
de la conciencia tiene una gran importancia en mis obras"
En
el segundo intento que hizo con un tipo de historias a las que podríamos
considerar al margen de la literatura, valiéndose de un tema
de tan poco interés como el de mi charla apasionada en el
Rex, utilizó una mano. Pero mientras yo trataba de despertar
la atención de los demás con el entusiasmo, Gombrowicz
lo despierta con la maestría que tiene para sacarle jugo
a las piedras.
A las diez de la mañana estaba
tomando un café en el Querandí. El mozo se le acerca
y Gombrowicz empieza a ponerle atención a su mano que cuelga
silenciosa, secreta y desocupada pero, de pronto, sin saber por
qué, sus pensamientos vuelan hacia un árbol que había
visto una vez desde la ventanilla del tren.
Los árboles y los arbustos
le despertaban un especial interés, también es por
un arbusto que me pregunta a mí en Piriápolis cuando
andaba buscando inspiraciones para "Cosmos".
Pero
volvamos al Querandí. La mano del mozo lo había asaltado
de repente en medio del silencio. Al volver a su casa la mano ya
no estaba con él, pero una lectura que estaba haciendo de
la conferencia de Heidegger sobre Zarathustra le inyectó
a la mano una nueva dosis de existencia. La idea que lo llevó
nuevamente al Querandí fue la del eterno retorno. Mientras
se preguntaba si debía preparar la ropa para lavar, en el
mismo momento, ese ser de Nietzsche que venía desde los primeros
orígenes hasta las últimas realizaciones, estaba con
él. Un ser representante de la amargura, la furia y el silencio
de la humanidad. Silencioso como la mano del mozo. ¿Qué
estaría haciendo la mano en el Querandí mientras Gombrowicz
estaba en casa?
Si
dejara de pensar en la mano del mozo la mano se disiparía
en la facilidad de la nada, pero la mano volvía a él
porque él había vuelto a ella con Nietzsche y ahora
con la mano del Embajador de Polonia con quien estaba conversando.
Miraba esa mano diplomática apoyada en el brazo del sillón,
pero no era ésa la mano, sino aquella otra abandonada allá,
como un punto de referencia. Gombrowicz empieza a tener miedo del
diablo, un sentimiento extraño para un incrédulo,
pero la presencia del mal convertía su ser en una existencia
azarosa, inquietante y susceptible del diabolismo. Le resultaba
difícil aceptar cualquier tipo de certeza en un asunto en
el que la falta de datos tenía el mismo significado que su
abundancia.
Su propia mano descansaba tranquila
en el bolsillo, también descansaban tranquilas las manos
sobre las rodillas de los automovilistas que corrían en sus
coches. ¿Y la mano del Querandí qué estaría
haciendo?
Estaba
vagabundeando en la periferia de sus límites en busca de
no se sabe qué. ¿Y si Gombrowicz de repente se arrodillara
ante la mano? Sería un intento fallido, como siempre, de
construir un altar cualquiera. Una desesperación por agarrase
de algo, de la mano del mozo del café Querandí.
Más tarde, en el restaurante
Sorrento, se le acercó el mozo, también con una mano
desocupada igual que en el Querandí, una mano que sólo
era importante porque no era aquélla. Está adorando
un objeto que él mismo enaltece. Se arrodilla frente a un
objeto que no tiene derecho a exigir que se postren ante él,
de modo que el ponerse de rodillas sólo depende de Gombrowicz.
Escogió esa mano del Querandí para agarrarse de algo,
para tener un punto de referencia. Pero no quiere que la mano haga
algo con él, o de él.
Ya es de noche, llega a un café
de Lavalle y San Martín. Discute con Gómez sobre el
tema de Raskólnikov. Su punto de vista es que en "Crimen
y Castigo" no existe un drama de conciencia en el sentido clásico
de la palabra. El juicio de Raskólnikov no es de su conciencia,
es un juicio surgido de un reflejo, un juicio de espejo.
Este
tipo de reflejo se convierte también en un mecanismo que
nos lleva a decir lo que nos pasa por la cabeza. Esta conciencia
de espejo es como fijar la mano en alguna parte, fuera de nosotros,
por la fuerza de un reflejo. Así como se iba construyendo
la conciencia de Raskólnikov, así es como se le estaba
construyendo esa mano a Gombrowicz. Esa mano se ha convertido en
un parásito, ahora se está alimentando de Dostoievski,
no parará hasta chupar de Gombrowicz todas las palabras que
necesite.
Llegó la medianoche, habían
pasado catorce horas desde el comienzo de la aventura. ¿Dónde
estará la mano en ese momento? ¿Todavía en
el Querandí? ¿Descansará en alguna almohada
y se habrá puesto a dormir?
"Me pareció tranquila
al verla por primera vez en el Querandí... , pero se ha vuelto
cada vez más posesiva... , y yo mismo ya no sé qué
es la que podría frenarla allá, en la periferia...
, donde está mi límite"
Por
esa inclinación que tiene el hombre de encontrar una idea
única que explique a todas las demás, yo también
en mi juventud la quería encontrar, pero mientras crecía,
en vez de tener cada vez menos ideas, cada día tenía
más. La combinación de estos asuntos me iba creando
una confusión creciente en la cabeza que sólo me alivió
un poco la pérdida de la idea de Dios.
El único pensamiento que me acercaba
a la idea única era la matemática, pero a medida que
avanzaba en su conocimiento esta ciencia se me hacía un tanto
indigesta, un poco por la dificultad de comprenderla, otro por pereza,
y otro más por su dureza inhumana.
Si yo hubiera conocido la historia
de esa mano que mucho tiempo después leí en los diarios
de Gombrowicz, hubiera resuelto mi problema, pues con una idea insignificante
y sin mucho entusiasmo nos lleva a pasear por todo el universo.
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Una
nota necesaria
Antes de decidirnos a publicar estos escritos
del genial Juan Carlos Gómez es de justicia reconocer mi
gran ignorancia tanto de él y su obra como del novelista
y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz (4 de agosto de 1904, Maloszyce,
Polonia - 24 de julio de 1969, Vence, Francia). Todo ocurrió
como a veces sucede en los sueños: una mañana de primeros
de Diciembre de 2008, al revisar el correo de la redacción
del Pollo Urbano, aparece uno con el asunto: "Gombrowiczidas".
Me puse a leerlo y me quedé embriagado. A la semana siguiente,
llegó otro correo con otra maravillosa entrega. Y comenzaron
a acuciarme las preguntas elementales: pero... ¿quién
es éste señor Gómez que escribe estas maravillas?
¿quién es Gombrowicz?.....Lo primero que hice fue
escribirle un correo a D. Juan Carlos Gómez pidiéndole
autorización para poner sus textos en el Pollo Urbano y amablemente,
la concedió. Me puse en contacto con nuestro colaborador
argentino Jorge Álvarez Pieroni quien comenzó a poner
luz en el asunto:
"A pesar de mi ostensible intención
de hacerme conocer en el mundo entero formando un club de gombrowiczidas,
cuyos miembros están desparramados por toda la tierra, he
notado últimamente que algunas personas están más
desorientadas que turco en la neblina.
Con el único propósito de reducir el campo del desconocimiento
va a continuación mi curriculum vitae en todo lo que concierne
a Gombrowicz, un recurso muy usado para conseguir trabajo.
Juan Carlos Gómez,
doctor en Ciencias de la Administración, nació en
Buenos Aires en 1934. Se hizo amigo de Gombrowicz en 1956, a los
veintiún años, jugando al ajedrez en el café
Rex, cuando cursaba la carrera de Ciencias Físico-Matamáticas.
Las cartas que Gombrowicz le escribió desde Europa cuando
se fue de la Argentina fueron publicadas por Emecé en 1999.
Fue protagonista principal, junto a otros tres discípulos,
de la película de Alberto Fischerman, "Gombrowicz o
la seducción", que se estrenó en 1986 y que fue
premiada en el festival de Rotterdam ese mismo año.
Es colaborador permanente de la revista
literaria polaca "Twórczosc". En el 2004, el año
del centenario de Gombrowicz, publicaron tres ensayos suyos: "Nueva
guía de Gombrowicz", "No veremo en Bueno Saires"
y "Milonga para Gombrowicz". En el año 2005, otro
ensayo, "Las cartas", y es de próxima aparición
en el año 2008, un conjunto de los "Gombrowiczidas"
con los que los bombardeo a diestra y siniestra.
En el año 2004 la editorial
argentina "Interzona" publicó, "Gombrowicz,
este hombre me causa problemas", y en el año 2006 la
revista literaria argentina Prometheus publicó "Gombrowicz,
y todo lo demás".
Fue el curador de "El enigma de Gombrowicz",
las jornadas sobre Gombrowicz del Centro Cultural Borges en el año
2004, y de "Gombrowicz, y los argentinos", las jornadas
del MALBA en el año 2005".
"Witold Gombrowicz nació
en el seno de una familia acomodada perteneciente a la nobleza polaca.
Estudió Derecho en la Universidad de Varsovia, desde 1926
hasta 1932. Durante sus estudios se ve envuelto en la vida cultural
de Varsovia frecuentando los cafés Zodiak y Ziemianska junto
a otros jóvenes escritores e intelectuales. En 1933, Gombrowicz
publica algunas historias cortas reunidas bajo el título
de Memorias del período de la inmadurez obteniendo pobres
críticas (Este libro será posteriormente reeditado,
con el añadido de tres cuentos más, con el nuevo título
de Bacacay o Bakakaï). Su primer éxito llega con la
novela Ferdydurke, que ganó notoriedad a raíz de la
virulenta crítica dirigida a la parte nacionalista de la
sociedad de Varsovia.
Algunos
días después del estallido de la II Guerra Mundial,
viaja invitado con una embajada de escritores polacos a la Argentina.
Durante el viaje, Alemania invade repentinamente Polonia y ante
los acontecimientos que se producían en Europa, Gombrowicz
decide permanecer en Buenos Aires, donde vivirá al comienzo
en condiciones de extrema pobreza. Por mediación de varios
conocidos de su misma nacionalidad, acaba por obtener un trabajo
en la sucursal argentina del Banco Polaco (es en las horas muertas
en este puesto de trabajo donde, ocultándose de su jefe
y compañeros, escribirá Transatlántico, como
él mismo explica en el prólogo a la novela).
Hasta
mediados de los años 60, Gombrowicz permanece en la Argentina,
desempeñando diferentes ocupaciones (periodista, traductor,
maestro de filosofía...) y congregando en torno suyo a
un círculo de fieles. La traducción colectiva de
Ferdydurke al castellano que realiza con sus camaradas del café
Rex culmina en un lenguaje complejo, infantil y vanguardista al
mismo tiempo, que merecerá los elogios de Ernesto Sábato,
quien prologa la edición argentina del libro. Sus novelas
y obras de teatro fueron censuradas en la Polonia comunista hasta
finales de los años 70; sin embargo, fueron publicadas
en polaco por su amigo Giedroyc, quien en 1950 había creado
en París, Francia, una editorial polaca llamada Kultura.
Ya que muchos de los libros publicados por Kultura fueron objeto
de contrabando dentro de Polonia, las obras de Gombrowicz llegaron
a ser bien conocidas allí.
A
finales de los años 50, la novela semi-autobiográfica
Transatlántico fue representada en París y recibida
con interés por los críticos teatrales franceses,
otorgando a Gombrowicz cierta dosis de fama. Durante esta época
se comenzarán a publicar también sus extensos Diarios,
en los que ofrece sus reflexiones sobre Argentina y apunta de
forma más o menos velada su homosexualidad. En 1963 recibe
una invitación de la Fundación Ford que le ofrece
una estancia en Berlín, y en 1964 se establece en Royaumont,
cerca de París, donde emplea a Rita Labrosse, una canadiense
procedente de Montreal, como secretaria personal. Después
de contraer matrimonio con ella unos meses después, se
instala en Vence, cerca de Niza, donde transcurre la última
etapa de su vida. Muere en 1969".
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Witold_Gombrowicz
Así
las cosas y con la clara conciencia de que estos correos colectivos
de Juan Carlos Gómez son un tesoro literario, y sin ningún
otro ánimo que no sea su difusión entre nuestros
lectores, decidí comenzar su publicación en estas
páginas en tanto en cuanto, nos sigan llegando desde
la fuente que lo hace posible. ¡Que los disfrutéis!
Dionisio Sánchez R.
Director
del Pollo Urbano
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