Estamos en: http://www.elpollourbano.net / TEXTOS / Don Mariano y otros....


Por Manuel Sogas
EL REINO DE LA CADENA

(31)

    Hubo una vez un verdadero reino que no tenía rey. Y en aquel reino que no había rey, claro es, tampoco había súbditos, porque todos los ciudadanos formaban parte por igual de una cadena, en cuya cadena nadie tenía ningún tipo de privilegio especial. Todos los que podían hacerlo se tenían que unir al esfuerzo común del trabajo.

     Así que todos los eslabones de aquella cadena cumplían su función social de una manera real y efectiva, en función siempre de sus verdaderos intereses comunes, que a la vez eran los de todos, y que todos definían previamente.

     Tan solo dos eslabones se sentían diferentes: el primer eslabón por tirar siempre de los demás sin que ninguno de estos tirara de él, y el último, porque siempre todos tiraban de él sin que él pudiera tirar de otros.

     Y, ésa diferencia inevitable les hizo creer que eran los más importantes de la cadena, y por lo mismo decidieron separarse de ella.

     Hablaron los eslabones primero y último con la cadena, les comunicaron su decisión de separarse, y a pesar de las advertencias y tristeza que sintió la cadena por perder a dos de sus eslabones, ellos creyéndose superiores e independientes, sin ninguna dependencia de los demás, no repararon en ninguna de las razones que les dieron la cadena entera y se separaron.

     Al cabo de poco tiempo la herrumbre se los empezó a comer sin que nada pudieran hacer para ser comidos por tan horrible monstruo, porque dos eslabones separados, sin formar parte de ninguna cadena son nada.

EL RINCON DE SAN MILLAN

A Marian

(45)

   He vuelto a las piedras viejas del Monasterio de San Millán. Solo, pero contigo. No he sentido nostalgia. Seguramente porque iba contigo y no hacia falta sentirla.

    Al rincón de aquella noche he vuelto. Lo han cambiado todo. El piano que tocamos al fondo de la pared, frente al rincón, ya no está, lo han puesto a la entrada, y el rincón, aquel mundo grande nuestro, o aquel mundo pequeño nuestro, en el que nos sobraba todo no está. Han estirado el local. Lo han hecho más grande, pero lo han estrechado tanto al mismo tiempo, que mundo como aquel nuestro del rincón de aquella noche ya no cabe.
Le han dado al local un aire más funcional y moderno, lo han llenado más de apariencias que de contenidos, más sin alma. No saben que ya lo han hecho viejo, porque lo moderno de hoy mañana se hace irremisiblemente viejo. Allá ellos con sus apariencias. Lo nuestro queda. Nosotros no teníamos apariencias.

    Mientras escribo esto, cosas del azar, han puesto un bolero, el "Quiéreme mucho", y eso no hace falta que me lo diga nadie, y menos en música enlatada. Eso ya lo sé. Ya me lo has dicho.

    Seguramente no volveré más a este lugar, el rincón donde nos besamos, donde nos acariciamos, donde nos miramos ya no está.

     Quedan las piedras del Monasterio como siempre han estado, acumulando la patina que le dan los años, y acabarán por diluirse y desaparecer en el tiempo, nuestro rincón no, y después de escribir esto saldré como entré, solo, pero contigo. Y con nuestro rincón.

TERRERIZAS

A Marian

    Sentado, aquí, al pie del camino de asfalto que viene serpenteando de Fuentelcarro, entre los álamos que vigilan la encrucijada de caminos terrosos que se pierden entre las lomas verdeando ahora al despuntar la primavera.
Son los mismos álamos y el mismo prado que oyeron nuestras palabras, las que dijimos y las que sin decirlas quedaron entre nosotros.
Aquí te conté y me contaste, nos contamos. Te miré y me miraste. Nos miramos. Y nuestras historias separadas antes se hicieron una para seguir luego siendo historias separadas, pero que ya, después de aquel atardecer de septiembre que se iba, al pensar una la otra se confunde con ella.
Aquí, al pie del camino de asfalto que viene serpenteando de Fuentelcarro, entre los álamos, donde quedamos unidos sin que nadie nos uniera, entre estos mismos álamos, en este mismo lugar que ahora veo y siento, como entonces sentía, o que veo y siento ahora como si fuera entonces, no han caídos las hojas otoñadas, no ha pasado el tiempo, sólo han caído hojas del calendario común. Yo te pienso ahora como entonces o, entonces como ahora.
El camino de asfalto que viene serpenteando de Fuentelcarro, que deja a un lado este prado y estos álamos en los que tomo notas, que sigue hasta las casas de Terrizas, agazapadas, a la espera de vernos pasar otra vez, se ha estrechado, y sobre todo largo. Se ha hecho largo, andarlo contigo se hacia corto.
*
29.05.09


PETICIONES

(30)

    Anabel viajó a Roma, y ante la estatua de Pedro tocando la sandalia del Pescador se hizo una foto, y mientras el fogonazo del flash pensó en él, como le había dicho antes de partir, y después le hizo una petición al Guarda de la gloria.
La petición que hizo Anabel era una de esas peticiones que se hacen con el alma en la mano y que para que se cumpla no ha de ser dicha, porque de otro modo el cielo no las otorga.

     A la Macarena, en Sevilla, él hizo otra petición, de esas que no deben ser dichas para que se cumplan.
Cuando se vieron y abrazaron, una noche en el pueblo, solamente se dijeron que los dos habían hecho peticiones con todas las fuerzas que pudieron, con toda el alma, y nada más. Después se besaron con ternura largamente, repitiendo los besos muchas veces.

    Otro día de un septiembre por la mañana, juntos, entrelazadas sus manos, diluidos el uno en el otro, sentados en un banco de la Colegiata de Berlanga, volvieron a pedir los mismos deseos que habían pedido y que no se podían decir. Después se miraron, los ojos de Anabel brillaban húmedos y no dijeron nada más con palabras, para que se cumpliesen aquellos deseos.

    Lo más seguro, ni Pedro ni la Macarena ni la virgen de la Colegiata, accederían a ninguno de los deseos solicitados tan reiterada y hondamente por los dos enamorados, porque cada vez que se veían, se abrazaban y se besaban, se sentían tan en la gloria, que más no podía ser concebida, y por ésta razón, a lo mejor no le podían conceder más glorias.



DON MARIANO
(25)

Con la cabeza inclinada, clavada en los hombros, y la vista perdida en las aguas del río, en la Arboleda de Macanaz, de donde nacieron sus mejores días, puede verse la pétrea figura de Don Mariano, el que quiso y pudo volar, pero no lo hizo.
Esta es su historia:
Mariano de joven fue uno de los mejores atletas. En su especialidad, el salto, nadie le igualó. Saltaba cuanto quería, dadas sus facultades naturales y concienzuda preparación.
Saltar era para él el precedente más inmediato del vuelo, pues siquiera fueran unos segundos, los pies permanecían despagados del suelo y la perspectiva para ver las cosas se ampliaba. Tomaba otra dimensión.
Decidió por fin volar, traspasar las nubes y ver el mundo desde arriba con una simple mirada. Hizo los cálculos precisos, se preparó adecuadamente e hizo las pruebas correspondientes. Confirmó que podía volar.
Antes de remontar el vuelo definitivamente quiso llevarse de recuerdo unas piedrecillas del suelo que ya jamás pisaría como los demás, y se las guardó en el bolsillo. Y cuando quiso volar no pudo, porque el insignificante peso de aquellas piedrecillas le impedían la libertad necesaria para remontar el vuelo, pero a pesar de ello, y sabiéndolo, no se desprendió de las mismas, y fue así como Mariano renunció a lo más que puede ser aspirado, al vuelo libre de cargas.
Desde entonces vive don Mariano a ras de suelo, triste y cabizbajo, atado a un recuerdo que tira de él lastrando su vida, por dejar de hacer lo que en su día pudo.


ALARMA EN EL PUEBLO

(24)

    Aquel hombre alto y seco con su carromato a rebosar de Títeres no le gustó nada al Alcalde. Aquí va a pasar algo, pensó.

    Los Títeres aquellos tenían algo especial, a veces, entre acto y acto del Titiritero parecían moverse por sí mismos, y se fijaban mucho en los niños pobres del pueblo.

    Un día por la mañana sucedió algo inaudito. Todos los niños pobres cogidos de la mano de sus padres, andaban a prisa y contentos por las calles principales del pueblo buscando las mejores tiendas.

    Don Gervasio, redondo como un tonel de vino, cuando llegó a la oficina del Banco General, cuya dirección ostentaba, casi se muere del susto, todo el dinero del Banco había desaparecido.
Se recuperó del susto don Gervasio y le dio cuenta al Alcalde del suceso, pero ya habían pasado dos horas, y todos los niños pobres del pueblo estaban bien vestidos y jugando alegres por las calles con sus juguetes nuevos.

- ¡El titiritero, que detengan al Titiritero antes de que escape! -Exclamó el Alcalde.

    Los Alguaciles fueron al carromato y detuvieron al Titiritero. Le interrogaron y le exigieron que devolviera el dinero del Banco, pero el Titiritero les dijo que él no había sido, que él sólo hacía su trabajo: procurar que los chicos se divirtieran, y que si algunos Títeres actuaban a su modo y según mejor entendían para hacer las delicias de los chicos y la de sus padres para verlos contentos, que los buscaran y que les pidieran cuentas a ellos. El solo era el Titiritero, les acabó diciendo.


LAS MARIDAS DEL CESAR

(23)

Aquel negocio como un miura cuando sale del chiquero apuntaba buenas maneras. Bastaba con tratarlo debidamente, sin dejar flecos colgando y sin juntar pedazos de unos muertos con otros.
El Ministro de la Guerra y Guerra, como los albañiles de los años setenta todos los viernes, se cambió de muda y se puso las ropas más adecuadas para la ocasión, sencillas pero caras y conjuntadas, había que dar buena imagen, ahí estaba el meollo, y se fue a coger los muertos, cerca de dos docenas.
Acompañó el sentimiento públicamente a los familiares de los muertos recogidos y les preparó a éstos las solemnidades que convenían, y se hizo muchas fotos y poses para la televisión y muchas declaraciones en la misma radio que fechas antes, sin muertos de por medio y para dárselas de hombre sencillo, dijo que algunas veces era un miserable, porque decía también éste Ministro de la Guerra y Guerra que era cristiano.
La oposición le tenía ojeriza, se le llevaban los demonios y la envidia le carcomía por dentro, porque quería ser, pero no podía, lo mismo de hipócrita que el Ministro, ¡lo bien que le había salido todo al Ministro, la porrada de votos que le iban a caer en las próximas elecciones!
Y el dueño de la petrolera mientras tanto refocilándose con una de sus queridas, brindando con ella por lo bien que recortaba gastos indirectos de producción: gastos de personal muerto a cargo del Estado. ¡Buen negocio a la vista! Según lo previsto, lo vital, las apariencias, cubiertas.

EL UNIVERSO DE PEPITO

(22)

    Pepito de niño, hacia de eso muchos años: treinta, cuarenta, cincuenta o más, jugaba como jugaban entonces los niños en su pueblo: a tractores, cogiendo una tapadera de cacerola entre las manos, convirtiéndola con el mágico poder de la imaginación en el volante del tractor, y corría tras ella acompañado por el ruido del motor que simulaba con la boca: ¡ruúmm, ruúmm, ruúmm! Y así recorría una y otra vez todo el contorno del pueblo que para él constituía todo el universo.

    Cuando dejó de ser niño y sin saber cómo, se halló en la cima de una de las montañas que circundaba el pueblo, y desde aquella altura descubrió que el universo era infinitamente más ancho y extenso de lo que él había visto. Vio muchas más cumbres, algunas borrosas, muy lejos, otras más cercanas y monumentales, valles, acantilados, ríos y vaguadas, caminos y senderos.

    Ante aquel inédito universo misterioso que se extendía bajo sus pies y que ni siquiera era capaz de abarcar con la vista, primero sintió asombro y extrañeza, y después miedo, un miedo espantoso que le hizo temblar.

    Bajó tembloroso y cargado de miedos de aquella cima que le hacía intuir que el mundo era muchísimo más de lo conocido por él, pero no quiso salir de lo que le era conocido y familiar.

    Desde entonces Pepito hace los mismos recorridos que hacía de niño, de una a otra punta del pueblo, pero triste y cabizbajo, con pasos lentos, pesados, porque ya no es un niño para seguir jugando a tractores con la tapa de cacerola.


LA PINTURA DE SÓLO PEPA
(19)

    De esta enigmática pintora sabemos poco. Es seguro que nació en la Comarca del Noroeste, en el pueblo de Los Cruces Santos, su patria chica, a la que amó cuanto pudo antes y después de la rabiosa especulación que se ensañó con aquellas tierras.

    Sin embargo, como lo poco que de ella sabemos y que se dice a continuación, todos tendremos lo suficiente como para saber a qué atenernos.

    Hay diversas y encontradas opiniones acerca de su obra. Una, la que mantienen los más doctos es que Sólo Pepa fue pintora. Buena pintora, eso sí, pero nada más. Otra, la que sostenemos los menos es que dada su singular y extraordinaria noción de la realidad, no pintaba, sino que de sus pinceles, cual diosa creadora, todo lo que salió fue carne viva.

    Si mantenemos tan heterodoxa aseveración se debe a que observada in situ su única obra, "La noche que viene", guardada como oro en paño en lo sótanos municipales de su pueblo natal, que ya ha sido mencionado, se notan unos escalofríos que se meten por las médulas, quizás como premonición de los tiempos que vienen, es para ser notado como nos aconteció a nosotros, y no contado.

    Nada más sabemos de Sólo Pepa, excepto que la Policía Local la anda buscando desesperadamente desde hace tiempo, dado que pintar realidades tan crudamente como lo hace, pone en inminente peligro de derrumbamiento todos los sistemas que nacen de la mentira, y ésta se ha de mantener a toda costa, para que puedan seguir haciéndose especulaciones inmobiliarias.


DOS PUEBLOS QUE NO TIENEN TONTO
(18)

    Todos los pueblos tienen un tonto oficial, pero a regla sociológica tan universal faltan solo dos: mi pueblo, Isla Mayor, del que hace años falto, y el histórico municipio de Caspe, porque el tonto que tenía y que lo era desde la misma noche de relámpagos y truenos en que su padre lo emboquilló, tiempo hace que vive en Zaragoza.

    El tonto ese que vivía en Caspe creía que a los ricos los hacían las cigüeñas de Paris de una madera especial, y que no era la riqueza en general, producto del robo, la usura, la rapiña y a veces si la fortuna era muy gorda, de todo ello junto y escrito con mayúsculas, incluido el crimen.
Creía también el tonto ese que vivía en Caspe que una cabeza con pelo bien ajustado al cráneo y embadurnado de brillantina, era una cabeza bien pensante, y por supuesto, de rico.

    Decía el tonto ese que vivía en Caspe que los gorriones meaban, pero como según él los gorriones eran los pájaros mas ricos del mundo y de muy buenas maneras, como todos los ricos, esa era la razón, decía él, por la que no hacían cosas feas delante de la gente, ¡pero vaya si meaban!

    Y como no hay mal que mil años dure ni tontería que no vaya a más, dejó de ser tonto el tonto ese que vivía en Caspe, para convertirse, pobrete nuestro, en tonto entontecido, y empezó a comer ajos insípidos, porque le hacían los eructos inodoros después de comer judías con oreja de cerdo en los meses de verano, como los ricos, decía el tonto entontecido, el tonto que fue de Caspe.


PENSAR PARA VIVIR
(17)

    El ayer no existe, se ha ido, de lo que fue no queda más que el recuerdo, un pensamiento vivo que lo mantiene erguido. El mañana no es otra cosa que un pensamiento echado hacia adelante. Vivir es el pensamiento activo: recordar.

    En el Paso, un bar como cualquier otro, antes de sentir sus labios tímidos y finos, y antes de que nuestras lenguas todavía indecisas rozaran su tibiezas, ella había aspirado profundamente, y el aire aspirado por entre sus dientes blancos como la cal, fue la caricia suave de la brisa entre los álamos del río, donde por primera vez estuvimos el uno dentro del otro, donde ella dijo y yo asentí, que nuestro amor era limpio.

    La sensación hercúlea de tener todo en mis brazos, cuando su espalda contra mi pecho, abrazándola de pie como niños en la plaza de aquel pueblo soriano, minúsculo, en una punta de la Provincia, oyendo extasiados como el Cuentacuentos de Berlanga J.C., nos pintaba las andanzas de su Hombre Invisible.

    Despidiéndonos le hacíamos trampa al tiempo, creíamos hacérsela, porque vanamente pretendíamos detenerlo, ella en silencio y yo sin decir nada, en la calle, con las manos entrelazadas. Yo pensando que hasta la próxima vez que nos viéramos faltaba menos, ella rota por dentro, viendo el otro calvario hasta llegar a su casa, donde le esperaban sus hijos y el marido, rezumando lágrimas sus ojos…

    Estos recuerdos, parejos, aunque de otra naturaleza, con los de mi padre y niñez, no quiero perderlos. No quiero morir sino cuando muera.


ARITMETICA LEGAL Y LÓGICA

(12)

    El reparto de la producción social se realizó según costumbre, que es lo más arraigado, la ley más vieja y fija de todas, la ley escrita que se mueve según gusto del legislador, y según la aritmética que es mano de santo para justificar según qué.

     Según esto el Contador General del Pueblo contó y repartió lo producido: mitad para él, por ser cabeza de pueblo, y otra mitad para el pueblo. De los cuatrocientos granos producidos, pues, mitad para él: doscientos, y otros tantos para el pueblo que, contento y conforme con el reparto, celebró sus Fiestas Grandes de Agosto.

     Seiscientos granos produjeron al año siguiente, que como siempre el Contador General se llevó el doble del anterior, o sea, cuatrocientos, y los otros doscientos que sobraron se repartió entre el pueblo que ganó lo mismo del año anterior.

     Y todos contentos, el Contador por recibir el doble, según leyes y aritmética, y el pueblo por recibir lo mismo. Y todos a sus celebraciones de Agosto que fueron muy sonadas por toda la Comarca.

     El tercer año hubo cosecha extraordinaria como nunca la hubo habido. Ochocientos fueron los granos producidos, y el Contador repartió con rigurosidad extrema. Así que se quedó con el doble del año anterior, que como fueron cuatrocientos el año pasado, ahora le tocaban ochocientos, y se embolsó los ochocientos granos producidos, o sea, toda la cosecha y, al pueblo nada. Este no quedó contento, pero sí conforme, porque las leyes y aritmética así lo establecían.


SÓLO PORQUE ELLA ME LO HA DICHO

(11)

    Vuelvo a leer a Rosa Montero sólo porque M. me lo ha dicho.

     En todos los escritores según Rosa Montero, y ahí se ve que yo no lo soy, o al menos en la inmensa mayoría de ellos, hay una tragedia de niñez que late bajo sus plumas, y que les impulsa luego a dar vida a la vida, esto es, a escribir.

     Al escritor le es dada la autoridad para mudar la piel, para hacerse otro o, no hacerse, pero no es trágica su existencia.

     Si acaso fuera algo el escritor no sería, no podría ser otra cosa que un redondo embustero. Y, no porque la vida misma, eso que llaman realidad, sea una maciza mentira, sino porque sin retorcer la idea que nace en su cabeza, sin exprimir el hecho que acontece a su alrededor, sin sacar de donde no hay, el escritor es nada.

     Y, no conviene confundir al escritor que echa mano de la mentira, como instrumento habitual de trabajo, para hacer lo falso verdadero, con aquel otro que también escribe, pero a sabiendas de que el puchero que tiene asegurado, le llega porque los meneos que le da a su pluma están en función y al ritmo de la sinfonía que toca el señor al que sirve.

     No hay, pues, tragedia en el escritor en tanto que tal, a pesar de lo que diga Rosa Montero. La hay verdaderamente en el hombre entero que desde niño, porque lo vio en su padre, y sabiéndolo imposible a medida que le entraba la razón, intentó hacer de verdad la verdad, o en aquel otro intento cuando ya no era niño, no menos imposible, de estar con ella algún día sabiendo, que definitivamente decidió seguir con su marido.


BRIÑAS

Noches frías,
madrugadas negras,
entre casas de piedra
y lloviznas.
En la plaza del pueblo,
en Briñas.
Llegabas tú.
yo, te esperaba.
Se hacían candentes las noches frías,
y las madrugadas blancas,
con nuestros besos y caricias,
con palabras y miradas,
y con promesas,
con suspiros.
En nuestro sitio,
en la alameda,
junto al río.
Entre el puente romano
y el pueblo.
En Briñas


ANTOÑITO EL LOCO

(10)

    Antoñito El loco, como se le conocía en el pueblo, no tenía nada especial que le distinguiera del resto sus vecinos, salvo la manía acentuada de mirar las cosas con el único propósito de entenderlas.

     No veía lógico, pero esto era lo que veía Antoñito, que habiendo alimentos abundantes y de sobras mucha gente pasara hambre; que habiendo medicinas de sobras mucha gente uno sanara; que habiendo miles de viviendas vacías mucha gente viviera en la calle.

     En el delirio extremo de la locura de Antoñito, pensaba y, lo que ya era insoportable, lo decía además, que si todo estaba ordenado y bien ordenado, y a su vez todo era manifiestamente mejorable, bastaría con cambiar el orden establecido para que todo funcionara mejor, y esto fue su perdición y el motivo que origina la presente historia, pues le dio a Antoñito por decir que había que cambiar el orden del alfabeto griego poniendo la letra a donde estaba la z, y ésta donde estaba la letra a, pues creía que de ésa manera todos empezarían a hablar de otra manera, y por consiguiente, todos también empezarían a actuar de otra manera, puesto que según su decir, antes de hacer siempre se empieza por hablar.

     Y enterado el Alcalde de semejante proposición para empezar a cambiar cosas, según la locura de Antoñito, le entró un sofoco tan monumental, que mandó publicar un Bando General al tenor de las leyes establecidas, para que fuera prontamente detenido y llevado a su presencia de inmediato, incluso vivo, si fuera menester.


LOS ZAPATOS DEL PRINCIPE

(8)

    Se avecinaba un evento de Estado de primera magnitud, y al Príncipe había de comprársele zapatos de acuerdo a evento y rango regio. Habían de ser muy caros, muy caros y originales, pues era de común conocimiento que a mayor gasto del Príncipe más contento, alegría y felicidad en los súbditos del Reino.

     Tres Aviones de las Fuerzas Aéreas Especiales de los cuatro que había dedicados a la defensa patria, fueron fletados con rumbo al África Negra, llevando en sus panzas a los mejores cazadores del Reino, avispados ojeadores, asesores comerciales, diplomáticos, expertos en asuntos africanos, barriles y cajas de cerveza y buenos vinos.

     En lo más Negro del África Negra cazaron los cazadores uno de los dos únicos animales que quedaban de aquella especie, con lo que la originalidad de sus zapatos se sellaba para siempre.
El mejor guarnicionero del Reino cobró por coser los zapatos del Príncipe, lo equivalente a año y medio de salario mínimo interprofesional, que era de los más justos y elevado de los reinos del entorno.

     Más contento que unas Pascuas estaba el Príncipe con sus zapatos nuevos, caros, y de originales únicos, que cuando se los fueron a atar se dio cuenta de que tan caros y originales, se hicieron tan altaneros y orgullosos que ni entre ellos se hablaban, ni siquiera al Príncipe, y el Príncipe se enfadó y dejó de hablar y adquirió el tono grave y solemne que correspondía a su rango, y jamás volvió a hablar con nadie, ni siquiera con sus zapatos.


LA LLAMADA DE TELEFONO

(7)

    Todavía guardaba esperanzas. El teléfono de telefónica, color verde, estaba donde siempre, encima del mostrador de madera, al fondo, en un rincón.

    Era la última visita que hacía al viejo bar. Allí, un día perdido en el tiempo recibió José la primera llamada de ella. Fue su voz dulce, aniñada, y de no haber dicho que era casada nadie lo hubiese adivinado por su timbre de voz.

    Su voz aniñada fue el pedernal que prendió en el alma de niño de José, encendiendo la yesca de sus amores guardados, y desde entonces, todos los días esperó el flamear nuevo de aquella voz.
Fue a la hora de la comida cuando ella llamó. Desde entonces José acudió diariamente todos los días. Comía y esperaba su voz.

    El tiempo ido en aquella interminable espera era mucho. Las cosas y situaciones aparentemente inalterables habían cambiado, incluso al viejo edificio del bar le quedaban días de vida, quizás semanas, para dejar de existir, la especulación inmobiliaria le había clavado ya sus dientes.

    El borracho de la cuadrilla que comía con él no estaba, había muerto. También murió el policía expulsado del cuerpo. El maricón de extrema derecha se había ido con su compañero a Palma de Mallorca desde hacia tiempo, y el último componente de todos los que comían juntos, la puta María, que se las entendía con el Consejero de Medio Ambienta, ya vencida del todo por los años era la única que de vez en cuando iba todavía a comer.

    Quedaba sólo lo imperecedero. La voz de ella que ya no oiría jamás


MIRANDO AL SUR

(45)

    Llegó otra vez el día de su santo. En aquella tierra, siempre extraña para Esperanza, no era costumbre felicitar las onomásticas, lo hacían más por el cumple años, y además, no era costumbre tampoco felicitar con tarjetas postales como en su pueblo, pero no se resignaba, se hallaba voluntariamente atada con los lazos del recuerdo a su niñez, a su pubertad, a…
Miró el buzón de correos, nada, entre los papeles de propaganda no había nada para ella, suspiró y subió al piso, un cuarto.

     En la salita de estar abrió la ventana, la que daba al Sur, corrió los visillos, blancos como la espuma del mar y la nieve perpetua de la Sierra, se sentó, y en el regazo, acariciaba un fardito de sobres y una postal, atado mimosamente con una cinta de su pelo, de cuando era niña.
Al tacto tibio de su mano aquellos sobres revivían su historia, la historia que queda cuando ya no queda nada, cuando lo sólido de la vida son los recuerdos.

     El le cogió la mano la primera vez un día de Año Nuevo, en el cine, en la sesión de las seis y media de la tarde, temblaron los dos, ella llevó su mano sobre su regazo trasmitiéndose sus calores. Ella no supo que decir, ni siquiera volvió la cabeza para mirarle, él tampoco. Se oprimían las manos. No supieron nada de la película de aquella tarde
Acarició las postales y, especialmente una, la de aquel verso…:

 (Palomita, tú que vuelas
 por las Torres del Pilar,
 anda y dile a Esperanza
 que no la puedo olvidar)

…, que no le hacía falta mirar para saber que decía.



La más divertida
... Una televisión para toda la diáspora aragonesa. ¡Pincha el logo!

Una librería excepcional en Barcelona ¡Pincha el logo!

Proyectos y Realizaciones Aragonesas de Montaña, Escalada y Senderismo ¡Pincha el logo!

El partido de todos los aragoneses
¡Pincha el logo!

La página de la Diputación
Provincial de Huesca
¡Pincha el logo!